“Estoy embarazada”

Cuántas veces hemos oído esta frase en películas, a la vecina, a nuestras hermanas, amigas… De repente eres tú quien tiene que decirlo. Y te suena raro. Muy raro.
Nuestras madres y abuelas piensan que ahora es más fácil que antes, que ahora nos cuidan y nos miman hasta el momento del parto y que tenemos a nuestra disposición todo un mundo de comodidades e información para pasar esos nueve meses lo mejor posible. Tienen razón en parte pero olvidan otra importante: vives en la era de las “supermujeres”, tienes que estudiar, trabajar, tener un cuerpo estupendo, una cara sin granos ni marcas, la sonrisa perfecta, ser tierna pero fuerte. Y mírate. Todas esas estrellas estupendas de la tele y el cine, que tienen hijos y pasean sus bombos por alfombras rojas luciendo taconazos y afirmando una y otra vez lo felices que son…y tú, que vomitas todas las mañanas en el tren camino del trabajo, que te han salido dos espinillas de esas que tenías cuando llegaste a la pubertad, que no tienes tripa suficiente para vestir ropa “premamá” pero tampoco para ponerte la tuya, que estás de mal humor y al ratito estás llena de alegría, de euforia, que de vez en cuando te asaltan dudas y temores…
Se lo dices a tu pareja y no se lo cree. Entonces os hacéis más de una prueba para verificarlo. Para entonces ya ha pasado la efusividad inicial pero os llena de gozo de igual forma. Luego llamáis a los familiares, a los amigos e intentáis ponerle algo de suspense “a qué no sabéis que…”. Llamáis a todo el mundo y por último en el trabajo. El trabajo siempre el último, desgraciadamente. Y si se pueden enterar cuando nazca la criatura pues mejor. Aunque lo averiguarán antes. Los muy pillos…
Casi todos responden con alegría a la noticia, es un gusto oirles, por primera vez en tu vida toda tu familia está de acuerdo y contenta. Luego está el grupo de aquellos que no tienen hijos porque no los quieren o no les gustan o les parece demasiado conservador que hayas engendrado. Para algunos engendrar es un comportamiento animal y así debería ser exclusivamente, que ya somos muchos en el mundo, dicen. Esos tomarán la noticia de forma más vanal y cambiarán de tema enseguida o añadirán algún comentario del estilo “qué valiente” o “yo nunca lo haría pero me parece bien” o “yo es que prefiero viajar pero ¡guay!” o “¿has oído hablar de las episiotomías?” .
La familia enseguida empezará a organizarte la vida tras el parto, incluso si sólo llevas dos días embarazada, y preguntará detalles como el nombre, que tú no sabrás dado que sólo puedes saber a estas alturas si vomitarás en la siguiente estación o no. Pero te dices, bueno, me quedan nueve meses…

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