Los primeros tres meses de tu bebé

Los tres primeros meses de un bebé han sido considerados por algunos especialistas como “el cuarto trimestre”. Y no les falta razón.
El cerebro humano de un recién nacido es grande con respecto a su cuerpo si lo comparamos con otros mamíferos. Es por eso que debe nacer antes de formarse totalmente. De otra forma la pelvis de la madre no resistiría el parto. Los bebés vienen al mundo con un cerebro aún en formación.
Y por ello los recién nacidos tienen esa capacidad inmensa de aprender sobre todo en el primer año de vida. Sus conexiones nerviosas siguen formándose. Además al pasar por el canal del parto el cerebro del bebé humano actúa como una esponja, se comprime y luego se expande. Hay quienes piensan que en ese proceso se activan ciertos mecanismos cerebrales que de otra forma no se activarían, por ejemplo con cesárea. Por tanto, los huesos cerebrales no están cerrados, permanecen abiertos hasta que, después del nacimiento, empiezan a cerrarse, de ahí la famosa fontanela.
La cría humana es terriblemente dependiente durante esos primeros meses. Aún se está gestando. En otros artículos hablaré del amamantamiento como esencial en esta etapa. Aunque ahora quiero centrarme en algo menos físico pero que condicionará la vida de tu bebé y que se empieza a forjar en esos primeros momentos de vida: su autoestima.
La autoestima es probablemente lo que nos diferencia de los animales. Es una adquisición social, la autoestima se aprende de los demás, de la relación con ellos, de cómo te traten los que te rodean. De cómo te conciban.
Un recién nacido no sabe que ha nacido. Sabe que durante el parto pasaron cosas extrañas, tuvo sensaciones nuevas, que después de estar nueve meses calentito con mamá, de repente hace frío y tiene que pedir su comida, que cuando hace pipí tiene una sensación extraña…imagina que te mandan a ti, todo un adulto a un planeta totalmente distinto y que unos alienígenas te cuidan. Para confiar en los alienígenas tendría que pasar un tiempo ¿no?. ¿Y que pasaría si los alienígenas no te hicieran caso porque no entienden tu lenguaje cuando tienes hambre o frío? ¿y qué pasaría si te dejasen solo en el nuevo medio? ¿o que no diesen importancia a tus demandas por que en el fondo no eres más que un pequeño humano? Te sentirías abandonado, triste, solo. Aún así siendo un adulto tendrías mecanismos para buscar alternativas a esas sensaciones. Un bebé no tiene esos mecanismos.
Un bebé es un ser humano como tú, humano. Parece obvio pero para mucha gente no lo es. Es pequeñito pero sigue siendo humano. No es un juguete ni una bonita mascota.
Según trates a tu bebé él o ella va a recibir el mensaje: soy querido o no lo soy. Y eso condiciona el resto de sus respuestas futuras. A lo largo de su vida encontrará otros referentes (amigos, otros familiares, sus colegas del trabajo, sus jefes, sus guías o ídolos…) que seguirán forjando su autoestima pero en esos primeros meses su madre es su referente total. No existe para ellos nadie más en el mundo. Hay más gente alrededor de ellos-as, vienen y van, hacen caras, les cogen y sueltan…pero su madre sigue siendo su mundo. Los bebés se consideran una extensión de sus madres. Y lo harán de forma más o menos intensa hasta que adquieran el lenguaje y se consideren algo más independientes. Aun así seguirán dependiendo emocionalmente de sus padres hasta la edad adulta. Y los hay que aún no hemos roto definitivamente nuestros lazos de dependencia con nuestros progenitores.
Pero centrémonos en esos tres primeros meses. El bebé se verá a sí mismo según le trates tú, su madre: si le tratas bien verá que tiene un valor en sí, que el mundo no es un lugar frío y que está lleno de amor. Si no haces caso a sus demandas, si le consideras un estorbo o si le fuerzas a seguir una rutina que no es natural, entonces el percibirá que no vale la pena, que es una incomodidad y que el mundo es un lugar frío y distante. Tendrá miedo.
Mima a tu bebé. Lee a tu bebé. Emplea esos primeros meses conociéndole y conociéndote. Acude siempre que llore, algo quiere. Los bebés no lloran “por llorar”. Los bebés demandan por medio de signos porque aún no saben hablar. Sigue tus instintos y olvida todo lo demás. Enciérrate en casa si no quieres recibir visitas, di “no” las veces que consideres necesarias. Quien te quiere lo entenderá. Dale a esa personita pequeña el mejor recibimiento al mundo que puedas. Crea los lazos de la confianza, el amor.
Hablo siempre de la madre pero he visto casos en los que el padre, o ambos, o un cuidador está envuelto al mismo o parecido nivel con el bebé, consolidando unos lazos que no serán rotos jamás. Hasta un alienígena podría consolidar esos lazos si dedicase el amor necesario.
Crea, consolida esos lazos. No te arrepentirás jamás.

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