Y… ¿el trato que reciba importa?

Muchas mujeres piensan que sólo tienen derecho a que supervisen su embarazo y parto con diligencia. Muchas mujeres no hablan con sus médicos o comadronas sobre las mil preguntas que les asaltan durante este periodo. El embarazo no es una enfermedad, ni el parto es una cirugía en la mayoría de los casos. Y una de las claves de un feliz desenlace es la ausencia de ansiedad, el que todas tus preguntas sean contestadas, que se te ofrezcan evidencias de lo que se dice. Que se respete tu curiosidad y que se te otorgue el absoluto protagonismo. Que se establezca una relación adulta entre tu cuidador/a y tú.

Desgraciadamente, esto no sucede a menudo. Muchas mujeres pasan por este periodo con absoluta resignación y sumisión. Nunca preguntan por miedo a ser rechazadas o a pensar que lo que van a preguntar es obvio. Piensan que escuchando a otras, leyendo, viendo películas pueden adquirir el conocimiento necesario para contestar a sus preguntas. No tienen conciencia de ser únicas. Piensan de ellas como “una más” de esas mujeres embarazadas, en parte porque la sociedad las trata así. Hay culturas donde las mujeres embarazadas son agasajadas y donde se hacen fiestas cuando nace el bebé, fiestas dedicadas a la mujer como triunfadora. Nuestra sociedad parece empeñada en hacer precisamente lo contrario, en quitar a la mujer el poder que tiene al dar a luz.

Cada mujer es distinta, como cada ser humano lo es, como cada bebé lo es. Quien puede contestar mejor a tus preguntas eres tú misma pero, si aún así te asaltan dudas, quien puede ayudarte es quien sigue tu embarazo de cerca, tu profesional de la salud. Y no tengas miedo por preguntar. Antes y después de parir. Y no aceptes un soplido o una respuesta rápida o indirecta, o una respuesta general. Pide que sean adultos contigo, que te respeten como individuo. Algunos profesionales de la salud ven a mujeres dar a luz todos los días, algunos trabajan en hospitales que parecen “factorías” y tienden a ver las mujeres como números, no como individuos. Algunos sanitarios puede que ni siquiera se paren a escucharte si tu parto fue bueno y tu bebé y tú estáis sanos. Exige respuestas y exige tiempo, si no es en ese día, en el siguiente, cuando sea, pero exige que se te trate con respeto o cambia de profesional de la salud tan pronto como puedas.

Se ha demostrado a través de estudios que un alto porcentaje de mujeres que dan a luz, aunque el resultado sea bueno y todos estén sanos, desarrollan el llamado “Síndrome Postraumático” tan común en gente que ha vuelto de una guerra, ha sobrevivido un accidente o una catástrofe. Algunas mujeres desarrollan miedos a olores, lugares o situaciones que le recuerdan a esa experiencia traumática. Afortunadamente hoy en día todo esto puede ser tratado y curado. Si se acepta que se tiene ese trauma, claro.

El trato que recibes durante este periodo de tu vida tiene una repercusión en tu subconsciente y en el futuro de tu salud mental y es así de seriamente como debes tomarlo. De hecho una buena experiencia de parto, incluso cuando el resultado no es bueno, sienta las bases para un aumento de la autoestima, seguridad y bienestar general de la mujer. Desgraciadamente lo opuesto sucede cuando a la mujer se la trata sin respeto o se la maltrata.

Para que lo veas más claro te contaré la historia de esta madre que había concebido a su primer hijo a los 43 años, por inseminación artificial. Después de muchos intentos consiguió quedarse embarazada. Imagínate el júbilo. En su semana 37ª de embarazo, casi al final del mismo, en un chequeo rutinario se vio que el bebé había muerto. Todo iba bien pero se había enrollado su cordón umbilical alrededor del cuello y murió (puro azar, no entres en pánico, esto sucede en muy raras y desgraciadas ocasiones). Estos padres, destrozados, tuvieron que dar a luz a su bebé puesto que en ese estado de gestación no hay más alternativas (primero se intenta una inducción y si no funciona se pasa a una cesárea). Pues bien, a pesar de todo, esta pareja tuvo una experiencia de parto muy positiva, enriquecedora e inolvidable. Todo el personal médico se volcó con ellos. Fueron cuidados y queridos en todos los sentidos, fueron respetados y se sintieron protagonistas. En el funeral de su hijo sólo hubo palabras de agradecimiento a todos los involucrados, dulzura y amor rezumaban en cada poema, en cada frase.

Sin embargo unas semanas más tarde tomé un café con una mami que tuvo un hijo hacía unos meses. El bebé y ella están vivos y sanos, pero no tuvieron una buena experiencia. Fueron maltratados, ninguneados, dejados de lado e ignorados. Este bebé nació por cesárea tras un parto difícil, pero esa no es la razón de un mal parto. Una puede tener una cesárea o lo que sea que acontezca y tener una buena experiencia (mira de nuevo esa madre con su hijo muerto). Es el trato lo que marca la diferencia, es el respeto lo que marca la diferencia, no sólo durante el parto, también durante el embarazo. Quién tengas alrededor y cómo te hagan sentir. No sólo el personal médico, todo el mundo que influir en tus emociones. Respeto. Esa es la clave.

No somos un número, ni un embarazo es algo común y vulgar. Somos únicas, irrepetibles. Debéis ser tratadas con respeto.

Una mala experiencia sienta las bases para una depresión posparto y la visión de lo que eres o no capaz de hacer en el futuro en todos los aspectos de tu vida. Como lo lees. Afecta tu autoestima y el modo de ver el mundo. Es así de importante y trascendente. Mi madre solía decirme “cuando tengas un hijo te cambiará la vida”. Y es verdad, pero no en el sentido de que no puedas salir por las noches o que vas a tener que cocinar más a menudo. Te cambia la autoestima, la imagen de ti misma, del mundo. Te puede hacer poderosa o miedosa para el resto de tu vida.

Estoy convencida de que si se cuidasen más las mujeres embarazadas y los partos, el mundo sería un sitio mejor, más humano.

Envuelve la llegada de tu hija/o de cosas buenas. No permitas otra cosa.

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