Las dos realidades

Hay dos tipos de realidades: la que sientes y la que tu mente recibe. Ambas están relacionadas entre sí pero tienen mecanismos distintos. Tu razón y tu cuerpo perciben los mismos estímulos pero no los almacenan de la misma manera. La realidad que recibe tu cuerpo, tu consciente, es natural, es real. Tu cuerpo y tus sentidos tienen mecanismos para sentir el placer, el dolor, etc, de forma primaria, sin interferencias, de forma “animal”. La realidad que percibe tu subconsciente, sin embargo, es aprendida. Tu subconsciente es un cúmulo de años de aprendizaje, influencia y experiencia.

Debes saber que el subconsciente ha sido y es fácilmente manipulable. Y que el subconsciente además es capaz de condicionar el consciente, el cuerpo. Es algo así como el poder de la mente sobre el cuerpo. Es ilimitado. Si cambias la concepción de tu subconsciente, puedes cambiar también tu consciente.

Para cambiar la realidad que percibe tu subconsciente tienes que preguntarte qué es lo que te han enseñado, qué es lo que has visto, qué es lo que sientes. Es un trabajo duro, pero una vez que tienes la lista de “realidades aprendidas” localizada y clara, entonces es más fácil razonar y cambiar ese aprendizaje por otro más conveniente.

Este nuevo aprendizaje es válido para cualquier miedo aprendido. Centrémonos en el miedo a dar a luz.
En este caso se trata de devolverle al subconsciente su carácter “animal”, de dejarle sentir sin interferencias el parto, de eliminar ese miedo aprendido (no puedes tener miedo a algo que no has experimentado). Aquí podrías decirme, si ya has tenido hijos y tu experiencia no ha sido buena, que has cogido miedo a dar a luz tras una mala experiencia. Bien, nadie “coge” miedo a dar a luz por haber dado a luz. Si has tenido una mala experiencia es porque no has tenido un parto natural, es porque el proceso ha sido intervenido de diferentes maneras, porque no se te ha dejado ser tú. Ninguna madre en el mundo, que haya tenido a sus hijos de forma natural o “animal” se siente mermada por la experiencia. Sea cual sea el resultado. Ocurre todo lo contrario. Se siente poderosísima tras ella.

Volviendo al miedo aprendido, piensa en las otras muchas veces que el miedo en el subconsciente no nos deja hacer o vivir situaciones que no tienen peligro en tiempo real. Por ejemplo, imagina que tienes que hablar en público. El auditorio está lleno de gente respetuosa que escucha lo que dices. No hay ningún peligro real de nada. Sin embargo, cuando llega el momento de subir al estrado, te pones nerviosa, te sudan las manos, se acelera el corazón… Es el miedo al fracaso, es uno de los miedos aprendidos que tenemos en el subconsciente que no nos deja avanzar, que nos bloquea. Uno no nace con miedo a hablar en público. Lo desarrolla después. Lo aprende.

De hecho si te educan en lo contrario no tendrás miedo. Hay gente que habla en público a diario y se siente agusto con ello. ¿Son más humanos que tú? No, son más seguros de sí mismos. Saben que no hay peligro real, más bien todo lo contrario, conocen subconscientemente los beneficios de hacerlo. Y se equivocan, pero rectifican y siguen. No hay nada que temer. El peligro no es real. No existe.

Entonces el miedo, ¿es real o no? Hay miedos reales, los que activan nuestro mecanismo de supervivencia, como el miedo a morir o a hacernos daño. Sin embargo el miedo a hablar en público no es un miedo real. La integridad de uno no está en peligro cuando habla para otros (por muchas tonterías que sueltes en tu discurso).

Lo mismo sucede con el parto. No existe un miedo real a dar a luz, primero porque nunca lo has hecho, nunca has tenido ese parto. Puedes no haber tenido ninguno o haber tenido otros, pero nunca has experimentado este que viene.

Segundo, porque tu cuerpo está diseñado para ello. Es normal que sientas miedo de agujas y bisturíes porque tu cuerpo no está preparado para invasiones de ese tipo, pero sí que lo está para dar a luz a tu bebé. Las mujeres de otras culturas no se plantean que un parto sea algo fuera de lo normal. Ni se plantean que pueda doler. Lo ven y lo viven día a día. No han aprendido el miedo, no tienen el subconsciente mediatizado en ese sentido.

Tercero: la experiencia de millones de años te avala. El hombre y los demás animales se reproducen y nacen de la misma forma que comen, duermen o mueren. De forma natural. Real.

Cuarto: el tener miedo dispara la adrenalina y la adrenalina impide que las demás hormonas del parto funcionen correctamente, esto significa que la adrenalina provoca dolor.
Necesitas cambiar la percepción de tu subconsciente. Necesitas cambiar tus creencias.
Para luchar contra tus creencias necesitas ir una a una por las antiguas viendo lo obsoletas que están y lo mucho que puedes decir al respecto. Apunta las nuevas en un papel y repásalas día tras día, razónalas, ponte recordatorios alrededor, grábate un CD, rodearte de gente que te las recuerde… Debes dejar a un lado los mensajes negativos que se relacionan con antiguas creencias.

Es como preparar tu mente para una maratón, la maratón más importante de su vida ¿correrías sin entrenar nada durante los meses anteriores o te preocuparías por trabajarte la carrera?

Si te trabajas tus creencias, incluso sólo unas semanas antes del parto tu subconsciente estará más preparado para no tener miedo y tu cuerpo seguirá su propio camino, el camino natural o “animal”, donde el parto no sólo no duele, sino que es la mayor y más empoderadora experiencia de toda tu vida.

Lo mismo sucede con el miedo a la exposición, al fin y al cabo, vas a estar desnuda y entregada al parto. Hay mujeres que no pueden concebir la idea de comportarse como animales o hacer ruidos. Un parto es intenso, son sensaciones, olores, fluidos y sonidos que nunca antes habías experimentado, ni probablemente tu pareja tampoco. Pero todo eso no lo hace menos bello o sublime. Debes cambiar tus creencias al respecto si piensas que puede haber un problema con tu “decencia” en este sentido. Tienes que entregarte sin reservas a las fuerzas de la naturaleza y seguir los dominios de tu cuerpo e intuición. De nadie más. Tu bebé te dictará las posturas, sonidos, movimientos y demás. Eres el camino hacia el nuevo mundo. Estás dando vida.

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