Expresar leche

Cuando tuve a mi hija mucha gente me propuso expresar leche: para aumentar las tomas (ridículo pues los bebés maman lo que necesitan, ni más ni menos), para que yo pudiera dormir por la noche y que le diese el biberón otra persona (sin sentido, puesto que los bebés no maman sólo para nutrirse, cubren también sus necesidades de amor, calor y cercanía), para introducir a mi hija a los sólidos y mezclar los nuevos alimentos con mi leche (útil aunque contraproducente a largo plazo puesto que es mejor que el bebé descubra los diferentes sabores sin que éstos sean “enmascarados”), y otro sin fin de “beneficios” por no estar cerca de mi bebé. Sólo expresé durante estos meses pequeñas cantidades para aplicarlas en el culete a mi hija cuando se irritaba y siempre que lo hacía me hacía daño. Usaba un sacaleches manual, de esos que son como una pera y un cono. Horrible. Llegué a tener unos puntos blancos dolorosísimos en los pezones a raíz de una vez que intenté expresar más de la cuenta. Esos puntos con el tiempo y la ayuda de mi hija desaparecieron. Son como pequeñas ampollitas que igual que vienen se van, se rompen, pero duelen y molestan sobremanera, haciendo el amamantamiento complicado.

Hace un año que doy el pecho pero ahora que mi hija ya toma sólidos he decidido volver a trabajar 5 horas al día, en la mañana. Mi hija no toma leche materna durante esas horas. Suele estar dormida las primeras horas de mi ausencia y luego desayuna y me espera jugando. El otro día, como cada mañana, estaba fuera de casa, lejos de mi bebé. La noche anterior mi hija no tomó tanta leche como de costumbre, durmió más y en la mañana noté una subida fuerte de leche. Sé que la tengo porque mis pechos se inflan como balones y empiezo a sudar sin parar. Afortunadamente tengo acceso a esas maravillas de la técnica en forma de máquinas sacaleches eléctricas que “simulan los ritmos de tu bebé” (que triste que tengas que recurrir a una máquina cuando puedes tener los ritmos de tu bebé en vivo y en directo) y decidí darle una oportunidad para ver qué se siente, para ver cómo se sienten las millones de mujeres que lo hacen a diario porque no pueden estar con sus bebés y aún así quieren dar el pecho.

En primer lugar busqué un lugar tranquilo, conecté los cables a las válvulas y las succionadoras a mis pezones. Le di al botón de encendido y gradué la intensidad. Lo primero que me llamó la atención fue el mecanismo radicalmente distinto de extracción: mi bebé está calentito y húmedo, chupa, succiona, suelta, relaja, traga, me abraza, juega con mi cara… sin embargo esta máquina estira mis pezones y a través de succión, de aire, saca la leche. Molesta, es molesto. El ruido además me recuerda a las máquinas de respiración asistida. Ahora duele, cambio de postura el succionador. Mis pezones se van poniendo rojos. Y allí sigo, semidesnuda, conectada a una máquina como si fuera aquello una central lechera. Miro alrededor y pienso en el valioso tiempo que estoy perdiendo, y deseo con todas mis fuerzas que mi bebé esté más cerca. Pero como soy humana, lucho contra mis instintos, sigo los dictámenes de esta sociedad inhumana y sigo. A ver cuánto sale.

Chasco. Sólo lleno dos mini botecitos, y uno de ellos ni siquiera está lleno. Afortunadamente he amantado a mi hija durante su primer año y la he visto crecer, estar sana y contenta. Sé que mi leche ha sido y es más que suficiente, aunque ella siempre ha mamado a ratitos, numerosos, muchos ratitos, siempre bajo demanda, nunca cada 3 horas o con ninguna rutina y ha ido creciendo sana y fuerte con esos ratitos. Pienso ahora en todas esas madres que miran a estos botes y piensan “no tengo leche suficiente”. El otro día una nueva mamá me escribió y me dijo que no tenía leche porque ella se expresa 30ml cada tres horas mientras que su bebé tomaba unos 90ml en cada toma. El bebé fue introducido al maravilloso mundo de las leches artificiales y los biberones en el hospital y a ella la dijeron que se expresara leche cada 3 horas. No es que esta mamá no tenga leche. Todas las mamás (excepto rarísimos casos) la tienen. Es que el dar el pecho funciona de una forma inimitable, por mucho que nos empeñemos y por muchas máquinas sofisticadas que inventemos o por muchas rutinas que impongamos. Y no por ser enfermera, doctor o comadrona, desgraciadamente, se sabe más de amamantamiento contrario a lo que mucha gente piensa. Para saber de amamantamiento hay que querer saber, haberlo hecho o informarse/formarse debidamente. Desgraciadamente hay muchos profesionales de la salud que siguen dando erróneos consejos que nadie discute porque ellos son la autoridad. Los mismos consejos erróneos pueden venir de mujeres, familiares o amigas, que no han dado el pecho.

Cuando mis dos botecitos están llenos, tras media hora larga de reloj (el doble de tiempo que tardo en amamantar normalmente a mi bebé ahora que tenemos ambas la técnica depurada), y con mi ropa llena de manchas de leche por todas partes, pongo etiqueta a mis botes, con mi nombre y fecha, los guardo convenientemente refrigerados, seco mis manchas, me visto y me siento a trabajar. Cuando mi jornada termina voy a casa con mis botecitos.

Nada más llegar, los pongo a temperatura ambiente, los paso a un vaso (mi hija no sabe usar biberón y además ya usa vaso) y se lo ofrezco. Al oler el contenido mi hija sonríe. Hace intento de beber, bebe un poco y en seguida lo rechaza. Y lo vuelve a rechazar una y otra vez.

Tiro el contenido de mis dos botecitos airosa mientras pienso en lo frustrante que debe ser para muchas madres el expresar desde el principio, cuando tanto molesta porque los pechos no están acostumbrados y en todas aquellas madres que mezclan sus tomas de leche con las de leche de fórmula, cargada de azúcares suculentos para el bebé. En cómo deben sentirse cuando lo que rechaza el bebé es su pecho y no el biberón, engañado por la inteligencia farmacéutica.

Evita expresar siempre que puedas. Y, por supuesto, evita mezclar las tomas de leche de fórmula con la materna.

El contacto con tu bebé es muy valioso psicológicamente para ambos. No se trata sólo de que lo alimentes y que se ponga gordo. Se trata de que lo críes, lo ames, lo mimes, que te sienta cerca, que sepa quién eres. Y se trata de que pares el ritmo trepidante de vivir en esta sociedad, que te tumbes junto a tu bebé, lo abraces, lo ames. Sé que es difícil si tienes aún así que trabajar o estar separada de tu bebé pero piensa seriamente todas las posibilidades antes de hacerlo, pide ayuda y consejo (http://www.laligadelaleche.es o http://www.lalecheleague.com en inglés). Si a pesar de todo tienes que expresar, no te frustres, lo estás haciendo lo mejor que puedes dadas las circunstancias y, por supuesto, sigues dándole tu leche a tu bebé. No te frustres por la cantidad expresada, irá mejorando y tu técnica también. Pide ayuda si tienes dudas a grupos o individuos cualificados en amamantamiento, que te muestren pruebas o estudios de que lo están. Nunca abandones antes de quemar todos los cartuchos. Lo estás haciendo bien si lo intentas.

Si puedes evitar expresar y amamantar, el contacto continuado con tu bebé os hará inmensamente felices a ambos, siempre que respetes tus ritmos de descanso y te alimentes bien. Creará un vínculo entre vosotros que no se romperá.

Yo todavía, a veces, si cierro los ojos, recuerdo el olor de la piel de mi madre.

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