Tengo un hijo con alguien que no me llena

En estos tiempos que corren el modelo de familia ha cambiado radicalmente (y afortunadamente) lo que entendíamos por familia antes. Hay madres y padres solteros, parejas del mismo sexo, adopciones, etc. Se ha comprobado y se sigue comprobando que un niño puede ser feliz en cualquier nuevo modelo familiar si el ambiente es propicio para ello. De hecho el modelo tradicional de familia (padre, madre, hijo) no determina la felicidad del sujeto. A veces, mantener este modelo a toda costa supone todo lo contrario: la infelicidad de todos los implicados.

Idealmente los recién nacidos deberían estrenar sus vidas en ambientes tranquilos, seguros, llenos de amor y cuidados. Para eso, todos esos factores, tienen que existir de antemano. Tu hogar, sea cual sea, debe estar en paz y armonía. Imponer la paz y la armonía tras un nacimiento sería como llevar una bufanda mientras nadas. No es el momento.

Cada uno decide lo que busca y quiere de su pareja. Mientras que a mí me puede gustar más alguien que me haga reír a otra persona eso le puede parecer incluso poco atractivo. En líneas generales, sea como sea tu pareja, el respeto, la confianza y la comunicación entre ambos debería estar por encima de todo lo demás. Una pareja es sólida cuando cada uno de los miembros es feliz y libre en ella, se siente querido, respetado, escuchado y puede expresarse con libertad, cuando hace las cosas porque quiere, no porque debe. Un bebé que llega al seno de una pareja sólida la pone a prueba, pero nunca la derrumba, el bebé forma parte de esa solidez y reafirma aún más los sentimientos de pertenencia y amor entre todos los miembros.

Todas las parejas tienen altibajos, momentos malos y buenos, pero cuando los momentos malos superan a los buenos entonces hay que plantearse si ese es el tipo de relación que mejor se adecua a nuestra forma de vida.

Si tu pareja no es sólida antes del nacimiento, si hay muchos momentos malos antes del nacimiento, difícilmente va a mejorar tras el mismo. Es más bien milagroso que adquiráis solidez ante la llegada de un hijo. Aunque todo en esta vida es posible, las estadísticas están en tu contra: si tu relación de pareja es insatisfactoria antes del nacimiento, un bebé no lo arreglará, más bien todo lo contrario, tendrás que “lidiar” con el bebé y con tus problemas de pareja entonces. De las parejas que se divorcian, un alto porcentaje lo hace cuando sus hijos tienen entre 0 y 3 años.

Se puede dar el caso de que te sientas en la obligación de estar junto a tu pareja tras la paternidad ahora que tenéis un hijo en común. Cuando entra la obligación sale la relación de pareja. Nadie es feliz cuando es obligado a serlo. No es así como funcionan las relaciones humanas.

Si echas un vistazo al artículo “¿Estamos preparados para tener hijos?” verás por qué pienso que la única forma de que tus hijos sean felices es que tú también lo seas. Tus hijos, por muy bien que hagas tu papel teatral, son inmensamente intuitivos y saben perfectamente cuando la armonía es natural o fingida. Ofreces desde la abundancia, no desde la carencia. Es importante que tú estés bien para que los que estén a tu alrededor estén bien.

Conozco a madres y padres que luchan contra sí mismos para creer que viven en una relación completa y que tienen la familia que desean, cuando ninguno de los miembros se siente así y cuando les une todo menos amor. Se sorprenden cuando las depresiones o las enfermedades les sobrevienen, porque el cuerpo nunca miente y es espejo de cómo nos sentimos por dentro.

No dejes que esto te pase. Si has tenido un hijo con alguien con quien no conectas, no es tarde para empezar una vida mejor. Nunca es tarde. Da igual que tengas 50 y 5 hijos. Nunca es tarde. No tengas miedo.

Hay quienes piensan que un divorcio o separación puede afectar dramáticamente a los hijos y que es mejor no hacerlo por no hacerles daño. Creo que el daño se les hace cuando se mantiene una relación que no es real. Si se no se les dice lo que pasa desde el principio o si se maneja la situación de tal forma que la separación aparece “de repente”, puede que para ellos sea extremadamente doloroso: no entienden. Sé honesto con todos los miembros desde el principio, tus hijos son seres humanos. No se trata de que vean todas vuestras peleas, se trata de que sepan que la relación no va bien pero que, por amor a ellos y a vosotros mismos, habéis decidido, racionalmente, una mejor solución para todos.

Si el raciocinio no es algo que tu pareja use a menudo entonces tienes que activar el plan B que consiste en luchar solo o sola por tu felicidad y la de tus hijos. Nadie ha dicho que sea sencillo o poco doloroso. Una ruptura sentimental es, probablemente, uno de los momentos más dolorosos de la vida. No sólo se pierde a la pareja, se pierde un propósito de vida en común, se pierden planes y sueños. Se tiene que empezar de nuevo. Y eso siempre es duro. Sea como sea.

Si el plan B te pone en peligro, busca ayuda, sal de ti misma/o. Hay mucha gente que puede ayudarte si lo pides. Pídelo. Hazlo por tus hijos y por el bien de todos. Demuestra que eres un luchador y que tus hijos vean que están protegidos.

Tus hijos entienden más de lo que te imaginas. A largo plazo, serán felices y estarán agradecidos de estar bajo la tutela de unos padres (o de un padre o madre) responsables, que los aman y protegen, que han vencido todas las dificultades valientemente por ellos. En sus relaciones de pareja futura no buscarán a alguien que les haga sentir inferior, o que les dañe, no se contentarán con una relación mediocre. Buscarán, como hicieron sus padres, un modelo de familia, sea cual sea, que se adapte a la felicidad de todos los participantes. Y lucharán por ella.

Huye del modelo tradicional de familia o de cualquier otro modelo que hayas elegido si no responde a tu felicidad. Nadie te obliga, sólo tú lo haces. Y ten en mente que tus hijos aprenden por imitación.

No tengas miedo.

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