El infierno son los hijos de los demás

Escuché esta frase hace unos días en boca de un cómico, que a su vez es padre, y no pude más que escribir sobre ella. Me parece genial.

Tienes hijos y te das cuentas de que casi todos tus amigos también los tienen, sobre todo porque desde el nacimiento has tendido a relacionarte más con gente con niños. Cuando son bebés y su movilidad aún es reducida y los juntas con otros bebés son todo amor ya que interactúan entre ellos más bien poco. Pero los bebés crecen. Y te ves en el salón de tu casa con 4 toros de lidia que antes eran 4 bebés. Y tu hijo parece aprender sólo lo malo de los demás. Y lo mismo les pasa a los demás con tu hijo. A veces parece que hacen pactos para destrozar cierta parte de la casa o mobiliario.

Entonces te das cuenta de que el hijo de tu amigo ha roto no se qué porque tu amigo no le dijo “no”. Esperas para ir a casa de tu amigo para que tu hijo haga lo propio.

Para evitar berrinches y disgustos: adapta tu casa a prueba de niños. Esto se hace no teniendo nada de valor a mano. Pero nada. Te tiene que dar igual lo que pase en tu casa en los próximos… 18 años de vida de tu bebé.

Otra cosa importante que he aprendido con el tiempo: celebra reuniones o celebraciones fuera de casa si puedes. Si lo tienes que hacer dentro inventa juegos para mantener a los peques entretenidos.

Si tienes que celebrar o reunir dentro de casa, intenta no dar comida donde juegan los niños, ya que te encontrarás meses después trozos de uvas detrás de sitios insospechados, o marcas por las paredes, etc. Si aún así no te queda otra lo mejor es que te resignes, que no luches contra nada. Que te dejes llevar.
A veces nos identificamos con la decoración de nuestro hogar, con las cosas materiales que poseemos, muchas de ellas incluso tienen valor sentimental. Piensa que, en teoría, tu casa debe ser funcional, las cosas que hay en ella deben servir, hacer su función. Por mucho que nos digan las campañas publicitarias de empresas de muebles o decoración, las casas no tienen “alma”. Son las personas quienes la tienen. Hay gente que prepara una habitación separada del resto de la casa para que jueguen los niños confinados. Normalmente funciona por un tiempo pero luego se aburren. Imagina que te meten a ti todos los días en un mismo sitio a jugar justo cuando has llegado a un nuevo mundo por descubrir. Recuerda que para un niño jugar es descubrir el mundo. Cuando ya ha descubierto una parte quiere ir a por otra. Necesita aprender su entorno jugando. Lo mejor es salir a jugar fuera de casa, donde los estímulos son ilimitados, pero si no te queda otra que tener a los niños dentro adapta tu casa a los niños y no al revés. Si adaptas tu casa y los pequeños pueden jugar sin peligro y sin molestar, el campo de juegos es amplio y el aburrimiento tarda más tiempo en llegar, especialmente, si haces cambios de vez en cuando en la disposición de las cosas o introduces nuevos elementos divertidos. Esto además de potenciar su curiosidad les hace sentir más parte del entorno, más parte de su nuevo hogar.

No hay nada peor que prohibir a un niño ir a algún sitio. Se obsesiona con el sitio prohibido y hará todo lo posible por alcanzarlo. Es ley de vida. En el reino animal las otras crías miden sus posibilidades llegando al límite de ellas. Las crías humanas hacen lo mismo. Ten especial cuidado también con tus reacciones. Normalmente los niños repiten actos que han causado una reacción. Si están haciendo algo desagradable intenta despistarles a otro sitio sin reaccionar en exceso o de lo contrario tendrás garantizado el mismo comportamiento unas 20 veces más. Lo mejor es que evites que el acto desagradable suceda de antemano, pero no te frustres, ninguno hemos nacido omnipotentes.

¿Cómo puedes hacer segura tu casa? A todos los niños les gustan especialmente los cajones, las puertas y ventanas, los tóxicos en general, la comida de gato, el fuego, los enchufes, la tierra de las macetas, todo lo que tenga teclas y haga ruido, todo aquello que pueda significar un peligro para su integridad. Están especialmente fascinados por tirarse desde las alturas. Dejo en manos de tu ingenio las medidas oportunas para evitar dichos peligros.

¿Cómo puedes hacer divertida tu casa? Cuando un hijo llega a tu vida tienes que usar la imaginación. Para muchos de nosotros la imaginación es algo del pasado, oxidado y oculto. Ahora es el momento de desempolvarla y hacer gala de tus dotes creativas. El alcance de los juegos dependerá de lo flexible que seas con las cosas que hay en tu casa y el uso que hagas de ellas.

Jugar es parte del aprendizaje de un niño. Están viendo hasta dónde su cuerpo es capaz de llegar, y sobrevivir…Cuanto más “bueno” sea un niño menos oportunidades tiene de conocer sus límites, flaquezas y grandezas.

Si has observado a las crías de otros animales te darás cuenta que ninguna especie se sienta tranquilamente a jugar a las cartas mientras los mayores toman un té. Lo normal es que las crías corran, muerdan, chillen, salten. Están llenas de vida y vitalidad, están descubriendo el mundo. Si obligas a tu hijo a tomar el té puede que lo haga pero reprime una importante parte de su ser. Toda represión sale luego por algún otro lado. En forma de explosión. Otra cosa es que tu hijo elija tomar el té. Hay niños más tranquilos que otros y tampoco hay nada de malo en ello. Cada uno descubre el mundo a su ritmo. Lo importante es no interferir en el proceso siempre que podamos.

Muchas de nuestras normas son un impedimento para el desarrollo del niño. Por ejemplo cuando un bebé tiene un año uno de sus juegos preferidos es quitarle los juguetes o comida a los demás. Desde el punto de vista de un padre preocupado por las normas sociales, su hijo es un descarado que tiene que aprender que eso no se hace. Tras esto viene la frustración al ver que el niño no aprende. Desde el punto de vista del desarrollo y del propio niño, lo que hace es medir sus capacidades, ver hasta donde puede llegar. Para él o ella el juguete o trozo de comida es un trofeo porque ha tenido la destreza y la inteligencia para quitárselo a su dueño. A esas edades aún no interactúa con otros niños, no sabe jugar en grupo, sólo ve presas, juguetes, comida.

Intenta leer sobre Psicología infantil y las distintas etapas del crecimiento. Es mucho más fácil enfrentarte a algo que sabes que va a venir y que es normal. Además te darás cuenta de que todos los niños del mundo tienen las mismas etapas, aunque las exteriorizan de distintas maneras. Y que no hay niños “buenos” o “malos”, aunque algunos pueden ser más difíciles de atender y entender que otros. Verás que el problema muchas veces los generamos los padres y el entorno y no los propios niños.

Volviendo a los juegos, no te frustres. Eso es importante. Jugar es perfectamente humano y no hay nada que temer siempre que evites que la integridad de tu hijo o los demás esté en peligro. Los niños aprenden por imitación y tarde o temprano lo harán, te imitarán y seguirán las aburridas normas sociales. En general los adultos somos niños grandes a los que se les ha machacado la imaginación y la libertad a través de normas que hemos acatado por imitación (o imposición). Muchas veces no nos planteamos siquiera las mismas. Las acatamos y punto.

Cuando vayas con tu hijo a casa de otros intenta conocer las normas de antemano y sus puntos de vista sobre crianza. Te ahorrará malos entendidos. Si vas a algún sitio donde tu hijo no puede jugar libremente lleva contigo siempre algo que lo mantenga entretenido el tiempo que vayas a estar allí o planea estar poco tiempo. O no vayas. O ve sin tu hijo. Lo mismo sucede si vas a sitios públicos. Mucha gente no tiene hijos o simplemente no le gustan los niños y no tienen por qué compartir el gozo de los mismos contigo. Sé respetuoso con otros modos de vida y otras visiones.

Y en casa… fabrica un jardín de juegos y descubrimientos. Dale a tu hijo, y a los amigos de tu hijo, el entorno para que estén seguros y sigan aprendiendo. Y sobre todo no te enfades. Estudia hasta qué punto es cómodo para ti ceder y disfruta el proceso. No te fuerces. Haz lo que creas que es mejor para todos, no sólo para ellos. De lo que se trata es de llegar a un equilibrio entre todos los miembros de la familia. Un punto en el que todos estéis contentos y haya armonía en la convivencia. Recuerda que tus hijos son parte de tu familia ahora y que, por muy pequeñitos que parezcan, también tienen derechos, no sólo deberes.

Ten en mente siempre que las cosas materiales no tienen valor. Las cosas materiales no tienen alma. Las personas sí.

Artículos relacionados:

Deja tu comentario