El molesto “no”

Adquirir independencia no es fácil. Todos recordamos por ejemplo cuando montamos por primera vez en bici, dimos nuestro primer beso, votamos en unas elecciones o conseguimos nuestro primer trabajo remunerado. Si nos remontamos aún más en el tiempo recordaremos cuando éramos muy pequeños y de repente nos dimos cuenta que si decíamos “no” causábamos una reacción nueva en los demás, que podíamos negarnos a hacer algo, que después de todo éramos algo independientes de nuestra madre porque ella decía “sí” y nosotros replicábamos “no”.

Todos los niños tienen una etapa del “no”. Lo larga o intensa que sea depende de la reacción que provoca en los demás. A veces, si la reacción a sus noes ha sido especialmente nefasta, arrastran sus incomprendidas muestras de independencia hasta la pubertad de forma explosiva. De hecho, esta primera fase de independencia emocional es denominada “primera pubertad”. Cada persona es única por eso no es raro que niños criados de la misma manera y recibido parecidas respuestas tengan distintas reacciones.

El “no” es una de las formas más comunes y la más evidente de que algo está cambiando en el tierno bebé que apenas se movía o replicaba y que iba con mamá o papá a todas partes dejándose hacer. Resulta que el niño “tiene carácter”. Resulta que el niño es un ser humano como los adultos y no sólo se dedica a crecer a lo largo y ancho: su cerebro, autoestima y valores también se están forjando. Muchos padres se vuelcan en que sus hijos crezcan sanos y fuertes físicamente, que no les falten comodidades, que sean educados, pero fallan en la tarea de ofrecer una sólida base emocional que haga que su hijo crezca con una alta autoestima, esto es, con una sólida percepción de sí mismo, de que tiene valor por ser como es, único. De que sus padres le aman incondicionalmente, sin juzgarle, enseñándole con el ejemplo el camino a seguir y dejando el espacio para que su propio yo se desarrolle y crezca.

Para un niño sus padres son el todo. El universo. Hasta bien entrada la edad adulta no son conscientes de que sus padres son otros seres humanos como él. Los considera dioses. Algunos adultos, desgraciadamente, los siguen considerando dioses mucho más tiempo o incluso siempre, poniendo trabas a su independencia y creatividad. Esto sucede cuando los padres quieren a toda costa mantener su “liderazgo” incondicional sobre el hijo para cubrir sus propias carencias emocionales. Como vimos en “Los abuelos” estas carencias se heredan de padres a hijos a no ser que uno se de cuenta y rompa la cadena. Unos buenos padres tendrán como meta el conseguir que sus hijos sean totalmente independientes y que tengan alta autoestima.

Las reacciones que unos padres demuestren hacia las acciones del niño le dicen como es el mundo exterior, le dicen si él tiene un valor como ser humano, si por el contrario no vale nada o si sólo vale algo cuando se comporta de cierta manera. Cuando un niño pequeño dice “no” tienes tres formas de reaccionar: 1. obligando al niño a hacer lo que tú quieres, 2. negociando con el niño y llegando a alguna solución intermedia ó 3. dejándole hacer lo que quiere.

  • La primera opción manda un mensaje inmediato al niño de “no vales nada, soy yo quien impone las reglas y tú debes obedecerlas. Sólo te quiero si eres bueno para mí, esto es, si haces lo que yo digo”.
  • La segunda opción dice “tienes valor e ideas propias que deben ser respetadas, al igual que las mías. Vamos a buscar una solución intermedia que nos ayude a progresar. Te quiero y respeto”.
  • La tercera opción dice “puedes hacer lo que te plazca sin necesidad de respetar a los demás”.

Cuando usas la negociación el niño tiene que intervenir en ese diálogo, no es un monólogo. Por negociación no me refiero a, por ejemplo, dejar llorar al niño por la noche, abrir la puerta de la habitación, explicarle que lo que hay es lo que hay y volver a cerrar. Una negociación es un diálogo de dos. El niño también tiene que decir, incluso si aún no habla. ¿Cómo te comunicarías con alguien por ejemplo que habla otro idioma que no entiendes? Haz lo mismo con tu hijo. Es un ser humano como cualquier otro. Trátalo con respeto y lee sus necesidades si aún no sabe expresarlas. Si tienes niños pequeños haz la prueba y dialoga. La próxima vez que se nieguen a algo negocia con ellos. Te sorprenderán los resultados si no lo has hecho nunca.

Si sus actos le ponen en peligro o ponen en peligro a los demás el que no lo haga no es negociable. Aún así siempre puedes explicarle el porqué y ayudarle a entender tu imposición. Por supuesto tienes que hacer tú lo mismo, es decir, predicar con el ejemplo.

Toma en serio sus “berrinches”.  A veces son incluso cómicos cuando los tienen pero evita reírte de ellos cuando están protestando. No saben cómo hacerlo de otra forma.

Por otro lado, no malcrías a un niño si le escuchas y respetas. Excesiva severidad o despotismo por parte de los padres hace que el niño se convierta en un tirano como ellos o que por el contrario se guarde sus sentimientos, que actúe como otra persona para agradarte, no como él mismo, lo que tiene consecuencias imprevisibles y normalmente devastadoras. Hay muchos de nosotros que hemos perdido la creatividad y que no sabemos “qué queremos hacer en la vida” porque nunca nos han dejado expresarnos con libertad, siempre hemos hecho lo que otros han querido de nosotros. Otros adultos encuentran su camino tarde en la vida. Muchos aniquilan su creatividad y libertad para siempre.

La negociación, el respeto, el querer, entender y proteger a tu hijo de forma incondicional, cuando es “bueno” o “malo”, refuerza su autoestima, evita el 80% de los “berrinches” en el pequeño, le ayuda a razonar, compartir y a ver que las cosas se consiguen hablando y respetando las ideas de los demás.

Cuando estés cansado u ocupado tu hijo se negará, pataleará y no sabrás como calmarle, cómo negociar. A veces te sorprenderá la pataleta porque no sabrás qué ha pasado para que se llegue a ella. Los niños tienen un sexto sentido que les dice cuándo estás con ellos de verdad o cuándo estás haciendo o pensando en otra cosa pero los llevas contigo.

Volviendo a la negociación, si la aplicas verás que funciona, tus hijos te imitarán y terminarán siendo personas asertivas y dialogantes, como tú, no pequeños tiranos. En la segunda pubertad tendrán las bases para poder pasar esa dura etapa seguros de sí mismos y, lo más importante, sintiéndose queridos y sabiendo que tienen un valor intrínseco: son únicos e irrepetibles.

Para investigar más sobre esto dirígete a estudios sobre Psicología Infantil. Conocer qué etapas viven los niños es indispensable para poder afrontarlas airosamente. Al igual que en teatro hay un dicho que reza “no existen papeles pequeños sino actores pequeños” yo lo adaptaría a la paternidad afirmando que “no existen niños buenos o malos sólo existen padres capaces o incapaces” de afrontar las etapas de sus hijos.

Recuerdo haber disfrutado con el primer “no” de mi hija, porque sabía que no era una irreverente o que tenía un complot para llevarme la contraria, era su nueva forma de afrontar la vida, se estaba dando cuenta de que tenía voz en nuestras decisiones. Estaba creciendo.

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4 thoughts on “El molesto “no”

  1. QUE AUTORES SON CONOCIDOS, QUISIERA LEER ALGO SOBRE LAS ETAPAS QUE VA A VIVIR UN NIÑO DE 18 MESES EN ADELANTE: RABIETAS, PAÑALES, CHUPETE, NO QUIERE COMER, ETC…
    HAY MUCHA LITERATURA, SUPONGO QUE DE DISTINTAS OPINIONES, PERO NO SE CUALES SON LAS “BIBLIAS” EN ESTOS TEMAS.

  2. ¡Buenas noches, Raquel!

    Están todos dormiditos por aquí. Yo estaba leyéndote. No puedo parar. Me voy de una lectura a otra. Me ayudan a comprender a mis hijos y a mí misma. Me gustaría que Juan te leyera también. Solo quería darte las GRACIAS (con lágrimas en los ojos porque estoy emocionada y sensible a lo que leo)

    Un beso de buenas noches (con sonrisa)…

  3. Qué bonito Elena!! no te preocupes que Juan se mete en el blog de vez en cuando…:) Mucho amor guapa. Todo lo que lees en el fondo ya lo sabes y practicas. Besitos

  4. Estimada Raquel, es impresionante como estas enseñanzas y comentarios me pudieron llegar al alma, he derramado muchas lágrimas de emoción. Desearía puedas guiarme con algunos libros que pueda leer. Mi hijo tiene 11 meses y necesito aprender mucho para guiarlo de la mejor forma.

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