¡Qué zapatos tan bonitos!

Qué bonitos están los bebés con esos zapatos tan a la moda, de distintos colores y formas, muy parecidos a los de adulto, van tan conjuntados… pero… ¿es bueno para su pie?

Recuerdo que mucha gente a mi alrededor me animaba a ponerle zapatos a mi hija porque iba a estar más calentita o porque iba a ganar estabilidad para aprender a andar, de hecho casi mejor que un zapato era una “botita” que también cubriese el tobillo.

Como para casi todos los tópicos infantiles, hay rumores extendidos que no tienen ninguna base lógica ni se basan en ninguna experiencia pero que pasan de madres a hijas y entre amigas con una facilidad pasmosa. En el caso del calzado, el rumor consiste en suponer que un primer zapato debe ponerse cuando el bebé empieza a gatear y andar con ayuda, incluso antes para que el bebé tenga “los pies calentitos”. Tras recibir una veintena de pares de zapatos de bebé en forma de regalos, y observar a docenas de bebés con zapatos, me puse a investigar.

Cuando mi hija era más pequeña, cuando no podía ni siquiera gatear, nunca le gustaron los zapatos y por la forma en que se movía era un sinsentido ponérselos: se los quitaba todo el rato. Ahora mi hija anda con ayuda de nuestra mano o agarrándose a muebles y paredes pero aún no se mantiene sola. Cada niño comienza a andar cuando llega su momento. Hay niños que a los 9 meses ya corren mientras que otros pueden tardar más meses, incluso años, sin hacerlo. Cada uno es un individuo, tiene su ritmo. Eso no significa que unos estén más adelantados que otros. Pero eso es materia para otro artículo.

Me puse manos a la obra a averiguar si esto de los zapatos era un mito o una realidad. Primero leí a mi hija, vi cual era su reacción. Ahora que gatea y casi anda el rumor generalizado es que debe empezar a llevar zapatos, blanditos pero zapatos. La primera vez que intenté ponerle uno, sus gritos de angustia llegaban a oídos de los vecinos. Se negaba rotundamente a calzarse nada. Aquí escuche comentarios del estilo “fuérzala un poquito, es que es nuevo y a los niños todo lo nuevo les provoca rechazo”. A los niños lo nuevo no les provoca rechazo, más bien todo lo contrario. Pero deben ser ellos mismos quienes quieran descubrir, no se les debe forzar. Nadie nos puede forzar a aprender. Aprender es un acto voluntario en sí mismo. Pero ni siquiera ese era el problema. Mi hija me gritaba que sus pies no estaban preparados para llevar algo así.

Pasadas unas semanas, ella empezó a imitarnos, como hace con todo, y comenzó a ponerse nuestros zapatos. Hice un segundo intento, de nuevo llevada por la presión “todos los bebés llevan zapatos pero mi bebé no” y se dejo poner unos zapatos blanditos, unas zapatillas de deporte chiquititas. Estaba muy guapa y conjuntada. El problema fue cuando intentó andar con ellas. Parecía un pato, como su madre cuando se pone tacones. No sabía hacerlo, le resultaba incómodo. Decidí entonces dejarla de nuevo descalza o con calcetines cuando hace frío. Cuando está descalza sobre todo tiene muchísima estabilidad, no se resbala y se siente más segura de si misma cuando se mueve. Además disfruta andando en sus pies descalzos, veo como los amolda a los distintos tipos de suelo y como mueve sus dedos. Es increíble como los usa como si fueran sus manos, cómo incluso sujeta objetos con ellos. “Tu hija es un mono” decía mi padre. Y no le faltaba razón. No en vano procedemos de los primates. Hay un reflejo prensil en los pies de tu bebé. Suele desaparecer a partir de los 8 meses pero hay bebés que lo mantienen mucho más tiempo. Haz la prueba y pon tu dedo debajo de sus dedos de los pies. Te agarrará con una fuerza y soltura sorprendente. Con un zapato, sea lo blandito que sea, ese reflejo queda inhibido. La solución a mi enigma se iba perfilando pero seguí investigando.

Como segunda opinión busqué la de las zapaterías, que para eso son especializadas en calzado. Elegí las más prestigiosas dedicadas a bebés y niños. En algunas tenían incluso el modelo de “zapato que se pone a bebé para gatear y dar sus primeros pasos”, en inglés son llamados prewalkers, fabricados en materiales blanditos que se amoldan, son flexibles. En otras zapaterías nos dijeron que de ninguna manera se debe poner un zapato a un bebé que aún no se mantiene erguido por sí mismo, que lo mejor era dejar al bebé descalzo o con calcetines para que los huesos de su pie aprendieran a andar antes de ponerle una suela que les impida movimiento y sensibilidad. De los zapatos blandos nos dijeron que se podían usar pero que en realidad eran poco útiles y podían impedir determinados movimientos de los huesos. Esto me hizo pensar en los tacones, en los zapatos de punta, en todas las aberraciones que hacemos a nuestros pies siendo adultos aún a sabiendas de que nos va a hacer daño porque “para presumir, hay que sufrir”. Un zapato debería ser un artilugio diseñado para protegernos de superficies peligrosas o frías, nada más y nada menos, adaptado a nuestra forma de pie y movimiento. Debería ser incluso algo hecho a medida ya que cada persona tiene un pie y una forma de andar distinta.

La tercera opinión la busqué académica. A ver qué dice la ciencia. Y encontré lo que sospechaba en asociaciones de Pediatría, Traumatología y Podología de Chile, Norte América, España… Todas coincidían: el zapato debe evitarse todo lo posible. Las culturas que no usan zapatos tienen mayor fuerza, estabilidad y flexibilidad en los pies y por consiguiente en la columna y en las extremidades, y una menor incidencia, casi inexistente, de deformidades. Numerosos estudios demuestran que muchas deformidades físicas y motoras del pie se curan en los primeros años de vida de los niños, llegando algunas hasta la pubertad, si el pie se ejercita correctamente, sin necesidad de intervenir de ninguna manera.

Es verdad que nuestra forma de vida y nuestras superficies no nos permiten caminar descalzos, pero el calzado que elegimos debería ser cuidadosamente estudiado y, sobre todo, debería hacernos sentir muy cómodos con el, sentir que se adapta “como un guante”, sentir que no los llevamos. Y deberíamos caminar descalzos siempre que tuviéramos la oportunidad.

Como los niños pequeños tienen más oportunidades de estar descalzos todo apunta a que es eso lo que deben hacer, ejercitar sus reflejos, mover sus huesos, irse adaptando a la posición “homo erectus” todo lo que puedan antes de no tener otra opción que ponerse zapatos.

Eso les ayudará a establecer sus necesidades motoras y físicas y a entrar con buen pie en su largo camino en la vida.

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2 thoughts on “¡Qué zapatos tan bonitos!

  1. Hola
    yo tengo un niño de 29 meses y no se muy bien que zapato comprarle, ya que me dicen que el tobillo del pie derecho lo echa para fuera, pero voy al médico y me dice su pediatra que hasta los 4 0 5 años no se ve nada cierto en el pie.
    ya pero mientras que zapatos le compro? esa es la pregunta contínua que me hago cada vez que voy a comprarle un calzado a si es que e optado por comprarle zapatillas que le sujeten el pie tipo geox, chico…………….
    A ver si me puede ayudar alguien, gracias.

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