Cuando el embarazo te obliga a limpiar el coche

Recuerdo aquel día en el que estaba embarazada de 8 meses, casi 9.

Abrí los ojos por la mañana y desde mi cama pensé “hoy tengo que lavar el coche”.

Normalmente usamos un autolavado cuando queremos limpiarlo, pero esa mañana tenía que ser yo quién lo hiciera. Había algo dentro de mí que me impulsaba a hacerlo.

Luis estaba leyendo en el estudio, así que me levanté, me vestí con traje de faena, me puse unas zapatillas de deporte como pude (mi gran tripa ya no me dejaba ver mis pies) y me dispuse a llenar un cubo de agua caliente.

La cosa empezó bien. Derecha, izquierda, arriba, abajo… me estaba quedando limpio. La dificultad comenzó cuando mi tripa no me dejaba llegar a determinadas partes del techo del coche con la esponja. Tras varios intentos infructuosos hice todo lo que pude y usé mi ingenio para torcer mi columna todo lo posible hasta llegar a aquellos recónditos espacios sucios.

Tras una media hora de frenéticos movimientos con la esponja, de paseos con el cubo lleno y pesado y de flexibilidades varias, el coche terminó brillante. Entré a casa satisfecha de mi hazaña y con esa sensación tan plena de objetivo cumplido.

Cuando Luis bajó y vio lo que había hecho casi se desmaya. Supongo que lo mismo pensaron aquéllos que me vieron esa mañana, embarazadísima, toda despeinada, frotando sin parar el techo del coche mientras me contorsionaba.

Ese “sentimiento”, esa forma de limpiar, ordenar, cuidar las cosas antes del nacimiento de un bebé se denomina nesting, (“anidar” en inglés), y es algo así como las ganas locas de tener todo limpio y ordenado cuando el parto se acerca. De nuevo es una sensación heredada de nuestros ancestros, de la necesidad de “hacer el nido”, de preparar el lugar ante la llegada inminente del nuevo miembro de la familia. A algunas madres les da por limpiar (como es mi caso), a otras por comprar, a otras por tejer, otras nunca experimentan la necesidad de nada de esto. Pero cuando sí te pasa es bueno que sepas que es normal, que no te estás volviendo una paranoica de la moqueta si es que te da por limpiarla día y noche. Estás preparando el terreno ante la nueva llegada y tu nueva patología está en los libros, así que tienes “excusa”. A veces pienso que probablemente haces lo que luego no vas a ser capaz de hacer por algún tiempo. Las primeras semanas con el bebé en casa son de todo menos organizadas y tu estás en otro planeta tanto física como mentalmente.

Cuando limpias u ordenas además quemas adrenalina. Ya sabes que cuando estás embarazada tus hormonas actúan de forma diferente a cuando no lo estás (“El Parto es un Juego de Hormonas“).

Muchas comadronas creen que ésta forma de sentir la limpieza y el orden puede que esté relacionada también con la posición cuatro patas. Cuando antiguamente las mujeres limpiaban el suelo por ejemplo lo hacían en sus rodillas y manos. Pues bien, antiguamente había mucha menos incidencia de bebés con mal presentación en el parto (de nalgas, etc).

Hoy en día o estamos de pie o sentadas una infinidad de horas al día. La posición rodillas-manos ayuda al bebé a rotar y a colocarse en la postura ideal para el parto. Por eso es tan bueno nadar, por ejemplo. Y es por eso también que muchos bebés esperan a la noche, a que te acuestes, para moverse sin parar.

Ponte a cuatro patas siempre que puedas, por ejemplo, viendo la televisión, ayúdate de una bola inflada gigante (“Diez razones por las que una gran pelota inflada te puede hacer feliz“) para apoyarte si quieres. La natación es el ejercicio más recomendable no sólo para el bebé, también para ti ya que te relaja, te ejercita, te masajea y te ayuda a sentirte ligera como una pluma, lo cual no viene nada mal en avanzados estados de gestación.

Y mientras esperas el gran momento sigue tus instintos. Si tienes que limpiar el coche… ¡límpialo!! El mío nunca ha estado tan limpio. Tendrá que esperar a un nuevo embarazo para disfrutar de la brillantez de nuevo.

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