El proceso a la maternidad

Tendemos a ver el parto como un producto. Una da a luz a un bebé y eso es lo importante. Además diferenciamos entre mujeres que dan a luz naturalmente, las que usan anestesia, las que no, las que tienen cesáreas…Y muchas veces olvidamos lo más importante: el parto es un proceso, no un fin. La maternidad es un proceso, uno de los más intensos y decisivos en la vida de una mujer.

Muchas veces en mis artículos hablo del parto natural, el amamantamiento, la no medicación en el parto, etc, como decisiones que me parecen las más acertadas en ausencia de complicaciones. Pero eso no significa que otras formas no sean igualmente enriquecedoras para la mujer. Una puede tener un parto natural y tener una experiencia muy negativa, o tener una cesárea y tener la mejor experiencia de su vida. ¿Qué es lo que marca la diferencia?

El embarazo, el parto y la crianza son un continuum, un camino. Las mujeres cambiamos psicológicamente cuando atravesamos este camino y esto no debe subestimarse, más bien todo lo contrario. Los sentimientos de la madre deberían ser el centro de atención de todo cuidado ya sea prenatal, durante el parto o después.

La información es muy importante. Saber qué te puede esperar durante el proceso ayuda y te hace sentir bien, pero el objetivo no es “estar en control”, el objetivo es tomar decisiones informadas siempre que puedas. Ahora bien existe un tipo de información de la que aún no había hablado en este blog y que es aún más relevante que la información sobre la parte física: el conocimiento de tus propios sentimientos, de tus límites, de tus miedos y de tus expectativas como mujer, como madre.

Psicológicamente una madre o futura madre vive un sin fin de abrumadores sentimientos nuevos, no sólo cuando da a luz, sino también durante el embarazo y tras el parto. Lo que marca la diferencia entre una buena experiencia y una mala no es el tipo de parto, ni de embarazo, ni de resultado: es la capacidad que tenga la madre de expresar sus sentimientos en todo momento, de conocerse a si misma y respetarse, de ser respetada y escuchada por los demás. Eso es lo que marca la diferencia.

Si estás embarazada o quieres estarlo, como si ya eres madre, siéntate con papel y lápiz y analiza cómo te sientes, cómo te has sentido durante el proceso, lo bueno y lo malo. Te sorprenderás si nunca lo has hecho. Puede que te encuentres reflexionando sobre momentos a los que no diste importancia pero que han tenido relevancia en tu nueva forma de percibir la realidad. Especialmente si estás embarazada mira a tu alrededor y observa cómo percibes ahora el mundo, que es lo que está cambiando, qué te asusta, que te apetece, qué es importante para ti. Sé franca contigo misma. Es muy importante que te respetes durante este camino tan intenso. Y es muy importante que expreses lo que sientes, que no lo guardes.

El segundo paso: rodéate de gente que respete tu forma de sentir y que esté abierta a tus cambios y sentimientos durante el camino. Si no es así busca este apoyo en profesionales que puedan ayudarte, como una doula. No dejes que nadie subestime tus sentimientos.

No te guardes nada, exprésate, dí en todo momento cómo te sientes. Especialmente en esta era de mujeres trabajadoras y autosuficientes se subestima la maternidad en la mujer como fenómeno decisivo. Ahora se espera que las mujeres demos a luz sin mucha pompa y sin que parezca que lo hemos hecho y que retornemos a nuestras vidas como si nada hubiera pasado.

Un parto, un hijo, un embarazo, es un cambio vital, hay un antes y un después. Siente. Vívelo con intensidad y respeto. Hacia ti misma.

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