Firmeza versus rudeza

Los padres debemos ser firmes, tener claro qué está permitido y qué no para nuestros hijos. Y esto no es una distinción moral, no te preocupes. Es una distinción entre lo que es peligroso para tu hijo o los demás o lo que no. Para saber qué es peligroso haz una lista de aquellas acciones que tienen consecuencias que conllevan peligro físico: el fuego quema, los enchufes electrocutan, los coches en movimiento atropellan, si golpeo hago daño a otros, etc. En esos casos debes mostrarte firme: no se puede tocar el fuego, no se pueden meter los dedos en los enchufes, no se puede agredir a otros, etc. Tú tampoco lo haces, ¿no?

Cuando la consecuencia sea probable, por ejemplo, subirse a una silla tiene el riesgo de caerse de ella, intenta hacer seguro el entorno antes de obligar al niño a bajarse de ella. Si no le dejas subir a la silla nunca aprenderá la técnica, nunca perfeccionará sus habilidades físicas. Los niños, especialmente cuando son pequeños, están descubriendo los límites de su cuerpo y mente con el método de prueba-error. Cada vez que se caen perfeccionan la técnica para volverlo a intentar de forma mejorada. Sé que a veces es muy difícil para nosotros los padres pero sus habilidades físicas se ven incrementadas cuando pueden probarlas con el entorno. Ten cuidado y paciencia, luego se desenvolverá mejor en el medio exterior. Al fin y al cabo todos nos subimos a las sillas en ocasiones. Pero ten cuidado con el entorno, hazlo seguro, consigue que, si se cae de la silla, no se haga daño.

Si aún así te pone de los nervios tener a tu hijo encima de una silla porque no esté protegido al caerse o que pueda dañar la silla, sé firme, con respeto, y no le dejes subir. Siempre puede usar los columpios, los bordillos de la calle, etc., para aprender técnicas parecidas.

Es importante eso sí que nunca apliques moralejas como “ya te dije que”, “si te subes ahí te vas a caer”, etc. Eso es rudeza. La rudeza no sólo viene dada cuando maltratas expresamente al niño (lo que no debería ocurrir bajo ningún concepto. Al igual que nadie debe maltratar a un adulto, menos a un niño indefenso y vulnerable). Es rudo también creerse superior al niño. Dar lecciones del estilo “si ya lo sabía yo” o “ya te lo dije”. Cualquier acto acompañado de moraleja pierde todo su valor constructivo y educativo y se llena de connotaciones negativas del estilo “no sirves para nada, estoy por encima de ti, ya sabía que ibas a fallar”.

Con rudeza no se llega a ningún sitio. Muchos padres abusan de su poder de superioridad con respecto al niño para doblegarle. Hay padres que dicen que “no” al niño sólo por el placer de ver que son obedecidos, aunque el placer no sea consciente. De esta forma el niño sólo aprende a tener miedo al adulto y a tener miedo a seguir mejorando, para qué va a volver a intentar algo si le vas a regañar. Siendo rudo con tu hijo mermas su autoestima y creatividad. Y las tuyas.

Hay padres rudos que llegan a ridiculizar a sus hijos delante de otros, incluso los llaman utilizando apodos. Al igual que los adultos, los niños son muy perceptivos y se valoran según los valores. No dejes que tu ego destruya la imagen que tu hijo debe tener de sí mismo: como persona respetable y que respeta a los demás.

Hay padres rudos que castigan o recompensan: bajo mi mandato, si fallas castigo o si haces algo bien bajo mi punto de vista te recompenso. Y mi recompensa o castigo son muy valiosos porque vienen de mí que estoy por encima de ti. Controlo tus actos para que así sea. Y tienes mis reacciones a favor o en contra según me plazcas o no. Ya hemos hablado de los Castigos y las Recompensas pero vuelvo a preguntar ¿qué es lo que place a tu hijo? ¿darte placer a ti?

Cuando uno es firme no tiene dudas de si lo hace bien o mal como padre, porque sabe que es firme con lo que es peligroso para el niño y los demás y es tolerante y comprensivo con lo que no lo es. Cuando uno es firme además no aplica moralejas. Sabe que con cada error su hijo aprende, y no hay mejor moraleja que esa (mira El Método de las Consecuencias Lógicas). Todos aprendemos así, prueba y error. Nadie aprende porque otro se lo diga. Uno tiene que vivir las cosas, experimentarlas, errar, aprender. Un padre firme respeta a su hijo y se abstiene de quedar por encima o hacer a su hijo quedar por debajo. Todos hemos aprendido en algún momento de nuestras vidas. Todos seguimos aprendiendo (o deberíamos).

Un padre firme no castiga ni recompensa, usa la democracia participativa en la casa, donde todos tienen opinión y todos se reparten los deberes y las ganancias. Y donde todos se equivocan y tienen espacio para rectificar. Donde cada individuo en la familia tiene su espacio y debe ser respetado y respetar a los demás.

Cuando uno es rudo no sólo hace daño al niño y se lo hace así mismo con la consiguiente frustración. Cuando uno es rudo se guía por los principios que le satisfacen a él en primer lugar y luego justifica sus actos para que parezca que es el niño el que se beneficia de su rudeza, que se comporta así “por el bien del niño”.

Cuando uno es firme es imitado por su hijo y sienta las bases de una autoestima fuerte en él para enfrentar la vida: mis padres me respetan, mientras me protegen, soy digno de respeto y debo respetar a los demás. Un padre firme no se justifica, sino que ama y respeta. Un hijo de un padre firme no se acoraza sino que vive plenamente y deja vivir.

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