Embarazo consciente y las molestias

Semana 7. Tengo vómitos. Y nauseas. Debilidad. Malestar. Con mi primera hija no fue tan intenso, nunca vomité. Ahora lo hago sin parar, ni siquiera puedo beber líquidos. Cuando me relajo, me tumbo y cierro los ojos me siento mucho mejor.

Siento rabia, quería ser de esas madres que dicen “yo soy supermamá porque tengo diez hijos y nunca me he mareado”. Y mírame. Un asco de madre. Tumbada, sin poder cuidar apenas de mi otra hija. Asqueada.

Ahora entra el lado consciente del embarazo: no soy menos madre, soy igual. Mi cuerpo está atravesando una tormenta hormonal. Es normal que sufra ciertos desarreglos, hasta que todo se instale correctamente. Si no sintiese los desarreglos sería estupendo, pero los siento y no hay nada de lo que avergonzarse o sentir miedo. La Naturaleza está tomando mi cuerpo y debe tomar mi mente, importantísimo: no voy a ninguna parte si tengo miedo o dudo del proceso. Si lo rechazo subconscientemente. Mi bebé está formándose, ahora en estas primeras semanas es cuándo los órganos se forman, las células corren y se multiplican. Cedo mi cuerpo al proceso. Me relajo. No hay nada que temer. Mi cuerpo está poseído de vida. Me siento una diosa.

A pesar de mi consciencia, sigo teniendo vómitos, pero sé que es temporal, y pongo mis energías en darle todo el espacio que necesita a mi bebé: no trabajo, dejo que [email protected] me ayuden con mi hija, intento descansar, alimentarme bien y beber cuando puedo. Y empiezo a disfrutar del proceso, pero no de una forma masoquista, sino de una forma tranquila, segura, respiro, respeto, siento y observo. Familia no cercana me presiona para que vaya al médico a por medicamentos, que me hospitalicen… sé que no es necesario todavía, que el proceso da respiros y los tomo. Es curioso cómo durmiendo no me encuentro tan mal. Mi mente juega una parte importantísima en todo esto. Si no, durmiendo debería seguir estando muy mal y no lo estoy.

Relajación, mimos, cuidados. Paciencia. Tiempo. Llega la semana 11. Y una mañana todo ha pasado. Armonía, paz. Y una corriente de energía que no había sentido antes. Sonrío frente al espejo. Me veo guapísima a pesar de las ojeras y la pérdida de peso. Tengo alrededor gente que me quiere y respeta, he estado protegida y mimada. No he forzado mi máquina, no he forzado nada. He respetado el ritmo que me imponía el cuerpo y me he entregado. Tenía que parar unas semanas y he parado. Ahora me da energías para continuar mi ritmo. Y lo hago.

He aprendido que el estado mental es importante, que cuánto más relajada esté mejor. Supongo que es la primera preparación para todo lo demás. Mi cuerpo gesta, cambia, se amolda, como lo hace el de mi bebé. Me ilusiona saber que el camino ha comenzado y que es imparable. Se que hay otras madres que tienen molestias más tiempo, otras menos. Cada embarazo, cada mujer, cada bebé es distinto y único. Pero hay un dato común: si la mente de la madre está dispuesta a aceptar esos cambios, si  cuida y respeta su cuerpo, sean cuales sean sus necesidades y ritmos, entonces la vida se va abriendo camino de forma gloriosa y la madre se siente empoderada con el proceso. Y no al contrario.

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2 thoughts on “Embarazo consciente y las molestias

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  2. Enhorabuena Raquel!! tienes mucha razon, muchas veces se nos olvida que durante el proceso deberiamos sentirnos como diosas, no débiles y resentidas. Es muy bueno recordarlo, gracias.

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