Dos caminos, dos nacimientos

Ha llegado el momento de escribir sobre el nacimiento de Maya, nuestra segunda hija, pero no se por dónde empezar. Son tantas las emociones, tanta la felicidad, tanto el placer de haber dado a luz en casa… creo que tengo para más de un artículo.

Haber tenido un primer parto en un centro hospitalario hace además las comparaciones casi obligatorias. Voy a empezar por eso. Aunque el final de los dos caminos fue el mismo: dos niñas preciosas que son el centro de nuestro universo, el camino en si fue distinto, y eso que Iris, nuestra primera hija tuvo un nacimiento bastante respetado. Ahí va mi análisis personal de lo que ha sido mi experiencia.

Fecha posible de nacimiento

  1. En el primer nacimiento nos pasamos 7 días la fecha prevista. En cada visita al hospital nos recordaban que si no llegaba pronto tendrían que intervenirnos. Nos llegaron a hacer una maniobra para separar las bolsas de aguas que no dio resultado.
  2. En el segundo nacimiento se contempló la posibilidad de un retraso, o de un adelanto, como algo natural y fuera de toda preocupación. A partir de la semana 42 estaría muy bien revisar que todo va bien pero nada más. Afortunadamente, Maya nació el día que estaba previsto.

Contracciones de calentamiento

  1. Las llamadas Braxton Hicks. La primera vez, cada vez que tenía movimientos uterinos antes del nacimiento me recomendaban que me hiciera una eco para saber que todo estaba bien.
  2. Esta segunda vez he llegado a tener precalentamientos uterinos que duraban casi un día, pero al ser irregulares sabíamos que no eran sensaciones de parto. Al final desaparecían. No eran motivo de preocupación.

Exámenes vaginales

  1. En el primer nacimiento nos examinaban cada hora para ver cuánto habíamos dilatado. Los exámenes son molestos, especialmente hacia el final de la dilatación. Además conllevan riesgo de infección.
  2. En el segundo nacimiento no hubo ni un sólo examen. Nadie me puso ni una mano encima, mi cuerpo y mi vagina eran tan sagrados como siempre. Por mi forma de actuar las matronas sabían en qué fase estaba y hacia donde me dirigía.

Primeras contracciones. Dilatación

  1. En el primer nacimiento fueron muy intensas, casi lo más difícil de llevar, y duraron casi 12 horas. El ambiente hospitalario, la gente por los pasillos, los ruidos, los exámenes vaginales… Difícil concentrarse y dejar que el útero se abriera. Cada vez que tenía una sensación, sin saberlo, luchaba contra ella. Sabía que no quería drogas, ni epidurales, pero agarraba con fuerza todo lo que pillaba, como si estuviera trepando para escapar.
  2. En el segundo nacimiento, con la información y la tranquilidad, me concentré, con ayuda de hipnosis, en que cada ola, cada contracción, fuera todo menos eso, una contracción: abría mi cuerpo, visualizaba flores que se abrían, relajaba todo lo que podía: entregaba. Las matronas también depositaban una confianza absoluta en el poder de mi cuerpo.

En este caso la dilatación duró unas 2 horas. Además me ayudé del agua caliente, de mi bañera, donde me sentía oculta, ágil, ligera. El “aguadural” resultó ser un placer sin efectos secundarios. Esta vez no agarré. Me dejé llevar por esas fuerzas, por los movimientos de Maya, por las pulsaciones de mi cuerpo.

Liberación de las aguas

  1. Durante el primer nacimiento Luis y yo tuvimos que luchar para que no nos rompieran las aguas “para ver qué color tenían”. Ya sabrás que la rotura de aguas sin motivo acelera el proceso de parto, obliga al bebé a bajar bruscamente y puede acarrear numerosas complicaciones graves. A pesar de nuestra firmeza nos preguntaban cada media hora y nos decían que la decisión pesaba sobre nuestra responsabilidad, ¿sobre la de quién si no? ¿no es este nuestro parto, nuestro cuerpo, nuestro bebé? Estábamos tan convencidos de que en ausencia de complicaciones no hay que romper ninguna bolsa, que nos negamos una y otra vez. “¿Hay alguna razón por la que debas romper la bolsa?¿No? Pues no, gracias”. Así una y otra vez con la consiguiente pérdida de energía, tiempo.
  2. En el segundo nacimiento las aguas se liberaron cuando se tenían que liberar, allá por el final de la dilatación y se mezclaron con el agua de la bañera. Yo fuí la encargada de decírselo a las matronas para que pudieran apuntarlo en sus libros. Nadie en ningún momento intentó intervenir, ya que el corazón de mi bebé estaba estupendo

Nacimiento o expulsivo

  1. En el primer nacimiento la matrona que me atendía tenía prisa. Cuando terminó la dilatación todo paró, de repente. Ella me hizo empujar. El resultado fue que todas mis fuerzas se iban en cada pujo, que no había contracciones que acompañaran esos pujos, por lo que estaba obligando a mi cuerpo y a mi bebé a salir sin venir al caso, que mi cara se llenó de marcas, que mi bebé estuvo a punto de entrar en estrés, que mi periné no dilataba y tuvo que practicarme una episiotomía que casi me lleva al quirófano “por mi bien”… Esa episiotomía tardó más de un mes en sanar. Los puntos tiraban y dolían, no tenía ningún control sobre mis esfínteres, tardé meses en disfrutar mis relaciones sexuales…
  2. En este segundo nacimiento tras la dilatación volvió a haber un descanso. Es normal: el útero descansa, el bebé ha descendido y se ha encajado y el útero se amolda primero a la nueva forma para tener más fuerza al empujar el bebé fuera. En la bañera había silencio y respeto hacía ese periodo. Pude charlar durante esos minutos y retomar energía. Tras el debido descanso mi cuerpo comenzó a tener de nuevo contracciones (olas), que volví a navegar, hasta que llegó una muy intensa que me hizo cambiar de postura y aullar a la luna: nadie me dijo cuando o cómo, el respeto a mi cuerpo me indicó que había llegado el momento de dejar salir a Maya, y así lo hice. Mi periné se abrió sin necesidad de tijeretazo. Mientras que hay mujeres que ni siquiera desgarran, el mío lo hizo, pero he aquí sorpresa: se fue desgarrando sin ningún dolor. Maya venía con una manita en su cabeza, es ahí donde noté como si me arañaran y ese desgarro sí molestó. No me suturaron porque preferimos todos que la herida cerrara sola. Es cierto que el pequeño desgarro de la mano me molestó durante 5 días, mucho, cuando iba al cuarto de baño, pero el gran desgarro entre vagina y ano ni lo sentí cerrar. El cuerpo es sabio. Tras 5 días mi periné estaba listo y en forma, como si nada hubiera pasado. Vida normal.

Primeras palabras

  1. En el primer nacimiento la matrona dijo “empuja… bien… así… tú mira hacía otro lado (refiriéndose a Luis cuando iba a cortar la episiotomía)…ya está” y luego “es una niña grande”.
  2. En el segundo nacimiento nuestra hija mayor, Iris, fue la encargada de dar la bienvenida. En una sala en silencio, exclamó “mira Maya!!” y todos nos echamos o a reir o a llorar.

Expulsión de la placenta

  1. En el primer nacimiento, tras el mismo se me inyectó algo sin ni siquiera consultarme e inmediatamente la placenta salió. Supongo que al ser una pareja informada las que nos atendían decidieron no seguir preguntando sobre intervenciones y decidieron intervenir sin más. El cordón umbilical fue cortado. Gracias a nuestra insistencia, eso sí, se cortó cuando dejó de pulsar.
  2. En el segundo nacimiento esperamos con alegría a que la placenta se liberara. Volví a tener contracciones, olas, y en una de esas parí ese órgano. Cuando nos acordamos y nos pareció cortamos el cordón, aunque podíamos no haberlo cortado. No había prisa. El mundo se había detenido. No había nada mejor que hacer.

El amamantamiento y la placenta merecen nuevos artículos.

La calidad de la experiencia no es comparable. Tanto en el hospital como en casa nos cuidaron profesionalmente, pero el alcance moral del respeto al nacimiento de un hijo, la individualidad del trato y el protagonismo del evento, hace del nacimiento en casa el ganador sin lugar a dudas.

Poco a poco los hospitales toman nota y quizá, en un futuro cercano, dar a luz en hospital no sea como entrar en una factoría y perder toda responsabilidad, y quizá en el futuro todos los participantes sean conscientes del milagro que tienen entre manos y de las consecuencias de sus actuaciones durante el proceso.

Tener un nacimiento “normal” con un hijo sano es importante, pero disfrutarlo y empoderarte con el mismo también lo es. Sólo se nace una vez y la bienvenida es importante.

No subestimes la calidad de ese evento.

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9 thoughts on “Dos caminos, dos nacimientos

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Todo un placer siempre leerte. Qué bien y cuánto contribuyes a que cada vez menos seamos las mujeres/familias que lamentemos de alguna manera las cosas mal hechas en el primer nacimiento…
    Qué mal cargar con la espina de saber que en el hospital el camino hacia nuestro parto soñado no es el correcto… Aún así yo parí en hospital… Todo, salvo ver con vida a nuestra hija, distaba de nuestro sueño…
    Ójala pronto cuente algo similar a tu segundo parto.

    Gracias por ayudar a tantas mujeres con tus artículos. Por unos primeros partos respetados!

    Enhorabuena de nuevo a tí, a Luis, a Iris por ser espectadora del milagro de la vida, y a Maya por nacer en el entorno que merece rodeada de quien más amor le podrá dar, su familia.

    Lo conseguisteis!

  3. Qué comentario tan bonito Arancha…muchas gracias. Ojalá los hospitales mejoren y respeten para que las mujeres puedan elegir con libertad donde dar a luz sabiendo que no sólo se cuidará la parte técnica, que también habrá almas atendiendo ese momento…con mucho cuidado y esmero. Mucho amor.

  4. Hacía varios meses no visitaba tu blog, recuerdo que la última vez ibas por el primer trimestre con tu bebé. Que lindo saber que tuvo una bienvenida al mundo tan linda y sin problemas! Como siempre muy lindos tus relatos, siempre de una manera natural sin exagerar y sin el morbo que tan común se vuelve hoy en día en la televisión y otros medios.
    Aún no tuve hijos, pero espero que el día de mañana pueda hacer mía la tranquilidad y seguridad que reflejas en tu historia.
    Saludos,
    Romina

  5. Gracias Romina, que comentario tan bonito…Sigue leyendo historias felices y aléjate del miedo gratuito que se ofrece en todas partes. Ese es uno de los caminos para conseguir lo que quieres. Un beso.

  6. Hola yo estoy embarazada de casi 29 semanas y la verdad que ya estoy pensando-organizando nuestro plan de parto. Y tu articulo es…. PRECIOSO!!!! yo quiero que sea lo más natural posible, no podemos hacerlo en casa porque no disponemos de ninguna matrona que venga. Lo haremos en un hospital que tiene posibilidad de bañeras… pero lo que me inquieta es que el día que me toque, al no saber quien me atenderá pues sea una un poco petarda…y la verdad que ese día no me gustaría enfrentarme a nadie porque tengo que estar lo mas relajada posible. Me ha ayudado mucho tu artículo y espero que tenga la misma Gracia que tu en tu segundo parto.

    Un abrazo!!

  7. La tendrás Patri! Al final, con el tiempo, me he dado cuenta de que da igual el entorno, lo que importa es cómo estés tu. Es verdad que el respeto de los demás es muy importante, pero a veces una madre feliz eclipsa cualquier mala historia alrededor.

    Gracias a ti por tan bello comentario.

    Besos y abrazos 🙂

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