Qué buena leche tienes

Este artículo también podría llamarse “dos caminos, dos lactancias” pero no quería repetirme. En él quiero compartir contigo las diferencias entre las dos lactancias que he vivido, con los mismos pechos, siendo la misma persona. Cada [email protected] que saque sus propias conclusiones.

Primera lactancia (PL)

Nada más nacer el bebé es pesado, medido, reconocido… yo espero pacientemente en mi cama. Cuando me la dan está medio dormida, pero la pongo al pecho “no va a mamar ahora” me dice la matrona “luego más tarde”. Espero. El bebé se duerme. La dejo al lado en la cunita habilitada para dejar al bebé.

Segunda lactancia (SL)

El bebé sale del agua directamente a mis brazos, a mi pecho. La abrazo, piel con piel. Permanecemos unidas constantemente. Aún no han cortado el cordón umbilical y se agarra a mi pezón como si lo hubiera hecho toda la vida. Comienza a succionar con fuerza. No reconocen al bebé hasta pasada casi una hora. Está sana, se ve ¿por qué interrumpir este precioso abrazo?


PL

Ya despertó y tiene hambre. Ella y yo buscamos la forma de que coja el pezón y succione. Ella no sabe, yo no se… recuerdo las clases de lactancia pero esto no funciona. Mi pecho es muy grande para su boquita. Además tengo un pezón invertido. Duele. Llamo a las enfermeras. Vienen. Cada una me da indicaciones distintas, pero ninguna funciona del todo. Sólo hay dos expertas en lactancia en la maternidad y están muy ocupadas.

SL

El bebé succiona sin parar. No duele. No hay nada que enseñar, sólo aprender y admirar.


PL

Los pezones se agrietan y sangran. Una matrona me trae unas pezoneras de plástico. Mi bebé llora sin parar. “Dale cada dos o tres horas y nunca más de 20 minutos seguidos” me recomienda. “Te estás destrozando los pechos” observa.

SL

Bebé mama a demanda. Cuando está satisfecha suelta el pecho. La dejo que mame y descanse y vuelva a mamar en el mismo pecho hasta que considera que es suficiente, hasta que lo suelta. Luego ofrezco el otro. No hay prisa. No tengo nada mejor que hacer.

No sólo aplaca su hambre o sed. Mi bebé también aplaca mamando su reflejo succionador.


PL

Entre el sujetador diseñado para la lactancia (que casi me provoca una mastitis), los discos antigoteo (que resecan los pezones), las pezoneras de plástico (que hacen aún más difícil la lactancia), el esterilizador para las pezoneras, la crema de lanolina… la mesilla está llena de utensilios que no sé bien como usar. Mi bebé llora.

SL

No existe sujetador diseñado para la lactancia, no durante los primeros días. Cualquier sujetador aprieta y dificulta. Fuera sujetador. Pecho a demanda. No existen mastitis. No hay discos antigoteo. Goteo, chorreo, pero no pasa nada. Es leche materna, se va en la lavadora. Ahora que estoy de baja no tengo que ir a ninguna cita social, lo natural es que mis pechos produzcan leche. Al estar al aire no hay grietas, ni dolor. Al estar al aire mi bebé los tiene disponibles cuando quiere.


PL

“No tienes buena leche, como tu madre” me dicen. “Deberías darle una ayuda” afirman “un biberón”. He leído sobre ello y me duele en el alma. “Está perdiendo peso, hay que suplementar”. Todos los bebés pierden peso al nacer, pero mi bebé pierde mucho. Acepto el biberón con el dolor de mi alma, porque no tengo “buena leche”. Apunto cada hora que mama, cuanto dura cada toma, cuando le toca el suplemento… llevo un cuadernito maldito, que me cuesta escribir y entender sobre todo durante la noche.

SL

Mi bebé no sólo no pierde peso si no que además gana un kilo por mes con un crecimiento sorprendente. Mama cuando quiere, a demanda. Cuando no quiere más suelta el pecho. No hay apuntes ni cuadernos. “Tienes muy buena leche” me dicen [email protected] [email protected] que antes me decían lo contrario. “Pues son los mismos pechos” contesto.


PL

El bebé no cabe en la camita del hospital, a mi me da miedo aplastarle. Le dejo en la cunita habilitada a tal efecto. Pero siempre que la dejo en la noche llora y sólo calla cuando la abrazo a mi lado, pero entonces no puedo dormir.

SL

El bebé duerme con mamá, está junto a mí día y noche, tiene lactancia garantizada las 24 horas del día. No llora, sólo se acerca y mama cuando quiere. No hay restricciones. No hay miedos.


PL

El bebé no duerme de noche y sí de día. Estoy cansada de ir y venir a su cunita, de no tener sitio para ponerla a mi lado. De no habérmelo propuesto.

SL

El bebé poco a poco duerme toda la noche entera, sólo despierta una o dos veces para mamar y como su madre está al lado dormida, le ofrece el pecho a veces entre sueños, sin despertar . Lo llamaré “somnolactancia”. No tengo miedo de aplastarla. Me encanta dormir a su lado. De hecho dormimos [email protected] [email protected] [email protected] Prá[email protected]


PL

El biberón hace a mi bebé vomitar. Poco a poco lo dejo y empiezo a disfrutar de la lactancia exclusiva, pero ya han pasado unas semanas y he tenido que perseverar contra todo pronóstico. Estoy cansada de esta lucha. Siento esas semanas de biberón que le he dado a mi bebé. Ahora recuperaremos el tiempo perdido.

SL

La lactancia es natural, como fue el nacimiento. El bebé está diseñado para mamar si la mamá le deja, si los demás le dejan. Disfruto cada segundo de esta lactancia. Es un placer.


PL

No se me ocurre hacer vida social hasta que no pasan unos meses, no estoy preparada, ¿sacar el pecho en público? ¿qué me miren? Ni hablar! Poco a poco voy cogiendo práctica y descubriendo que amamantar es cómodo además: no tengo que llevar botes, ni esterilizar, ni calentar…

SL

Visto con ropa cómoda que me permite amamantar a mi bebé de forma discreta. Puedo hacer lo que me apetece y salir, porque llevo a mi bebé conmigo, cerca, colgado, y amamanto cuando quiero.


La primera lactancia terminó bien, tanto mi hija y yo la disfrutamos pero las primeras semanas, esos biberones, ese “no tienes buena leche”… fue estresante y durísimo. Perseveré por cabezonería y conseguí que con el tiempo mi hija mamara felizmente de una feliz madre hasta casi los 3 años, cuando decidimos dejarlo.

Aunque los caminos han sido distintos, me siento orgullosa de haber asegurado, a través de estas lactancias, que mis hijas tengan la herencia de mi sistema inmune y no sólo alimento, que sientan el abrazo, la entrega y el amor de su madre, día y noche, que sus mandíbulas pequeñas formen dientes sanos y fuertes a través de esa succión tan distinta a ese tragar del biberón…

Mi segunda lactancia va viento en popa. He ofrecido a nuestra primera hija re-engancharse a esta nueva lactancia pero no le apetece “eso es de bebés” me dice. A nuestro alrededor no hay nadie que haga tándem y supongo que eso la condiciona. A mí me hubiera encantado poder ofrecerle este oro blanco a las dos a la vez.

He aprendido que en el futuro, si mis hijas me preguntan, les diré que amamantar es natural si se respeta el proceso, que el nacimiento, la forma de nacer, es providencial para el futuro de esa lactancia, aunque con empeño todo se alcanza y que, como siempre, no tener miedo y estar informada es la mejor garantía de tener “buena leche”.

Foto: Flickr

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