¿Juegas o intervienes?

Hoy he ido al parque con Iris y Maya porque el sol brillaba con fuerza. Es lo que hemos acordado esta mañana. A Iris le apetecía jugar allí y a mí leer. Maya se ha echado una siesta mientras íbamos. A pesar del frío hoy ha habido suerte (otros días no hay nadie) y se ha llenado de niñ@s. Cada niñ@ iba con [email protected] [email protected]

Mientras que me siento a leer y dejo a Iris jugar e interactuar con [email protected] niñ@s, me encuentro una y otra vez con este problema: [email protected] [email protected] no dejamos que jueguen, y que interactúen.

Y no me refiero sólo a [email protected] que manipulan el juego de forma evidente: “juega con esto”, “no te subas por ahí”, “te vas a caer”, “dale eso al niñ@ que es suyo”… Me refiero también a [email protected] que, amorosamente, jugamos con [email protected] con el único objetivo de pasarlo bien y hacérselo pasar bien. [email protected] lo hacemos de forma inconsciente. Pero [email protected] estamos interfiriendo.

Me pregunto si alguien de los que “juega” se plantea qué busca haciendo eso. Me pregunto si lo hace por [email protected] o por él/ella [email protected]

Generalmente creemos que amar es dar sin límite, entregar e incluso sufrir. Parte de este “control” o “codependencia” viene del bombardeo mediático y de toda esa lectura “apegada” con la que crecemos, da igual que la relación sea de pareja, como padre/madre/[email protected], como con los demás. El romanticismo no es real pero sigue vendiendo. Y [email protected] somos producto de relaciones insanas (años de terapia nos “separan” de la dependencia insana emocional hacia padres, [email protected], etc.)

Hay poca literatura que hable del amor entre iguales, del respeto a las necesidades de [email protected] y de [email protected]

Cuando dejo a Iris o a Maya jugar las respeto. Cuando ellas me dejan realizar actividades propias el respeto me lo brindan ellas. Y en este intercambio no hay acritud o resentimiento. Hay mucho amor.

Con el juego se aprende. Piaget hablaba de aprendizaje “figurativo” por imitación a un modelo exterior, u “operativo” por un experimentar creativo con la realidad concreta. Cuando jugamos con [email protected] ponemos el piloto automático “figurativo”, aún sin quererlo. Y ese no es precisamente el mejor aprendizaje.

Yo operaba en “figurativo” , e incluso me formaba para ello, hasta que he decidido proteger el modelo “operativo”. Como tantas otras veces, las piezas han ido encajando en mi cabeza: ¿cómo es que en la Naturaleza los animales en general juegan entre [email protected]? ¡Ménudas malas madres son las leonas! y… ¿cómo es posible que haya gente que tenga más de un [email protected] con el tiempo que merecen? ¡Es imposible “querer” a más de [email protected] a la vez!!

Que nadie se lleve a engaño: no estoy diciendo que “respetar” a tu [email protected] sea trabajar 24 horas y luego ir al gimnasio, etc., ni que te vayas a otra sala cuando [email protected] niñ@s jueguen o que pongas mala cara cuando tu [email protected] u [email protected] niñ@ te pida jugar. No van por ahí mis tiros.

Estoy diciendo que des “calidad” a su juego reaccionando a su curiosidad, reconociendo sus juegos y dejándole tiempo para explorar. Que tocar a tu [email protected], [email protected], estar a su lado, no tiene por qué ser jugar.

Decidir jugar, cuando hay [email protected] niñ@s con [email protected] que hacerlo, o lo está haciendo solo, o se está “aburriendo” es interrumpir, acaparar. El juego es un “trabajo de niñ@s”.

Jugar entre niñ@s enriquece, enseña y crea interacciones que, lo siento mucho, los adultos no somos capaces de reproducir. Porque somos adultos y nuestro universo perceptivo es a la fuerza diferente al infantil. Ni mejor, ni peor. Diferente. Digamos que vivimos “en otro mundo”. Ponemos en “ON” ese aprendizaje figurativo sin quererlo. No hay creatividad. Hay imitación.

Por otro lado, cuando hay otras cosas que tienes o te apetece hacer en vez de jugar con él/ella, es enseñar a tu [email protected] que hay que “dejar todo de lado” para complaceros el [email protected] al [email protected] Crea dependencia. He llegado a observar a padres/madres (incluida a mi misma) donde me he llegado a sentir algo “dejada de lado” si “mi hija” prefería jugar con alguién más. Porque yo no “hacía eso”, siempre era ella lo primero. Patético. Inconsciente. Hay que cambiar esos hábitos adquiridos.

[email protected] no ama menos porque no esté las 24 horas del día jugando. El amor sano es el estar ahí, muchas veces de forma desapercibida. El abrazo, esa mirada, esa escucha. El “romanticismo mediático” social promulga otra forma de amar ya sea entre [email protected] [email protected], ya sea entre [email protected] [email protected] y con [email protected]: la entrega absoluta, fuera límites personales, no hay dolor… Y, desgraciadamente, no es de extrañar que caigamos en el hastío una y otra vez.

Es importante además que [email protected] niñ@s tengan tiempos “aburridos”. Una de las lacras de nuestra sociedad es que cuando [email protected] se aburre, parece que hay que buscar algo corriendo, hay que “producir” algo. Con los bebés y [email protected] niñ@s parece que tienen que estar constantemente aprendiendo o [email protected] Libros, cds, juegos diseñados para, material diseñado para…

Estamos [email protected] así y seguimos pasando el legado. “Aburrirse” tiene muchas cosas buenas. Estar con uno [email protected] es de hecho, una de las mejores cosas que tiene el ser humano, porque cuando no hay ninguna actividad, no hay presión, [email protected] se para a contemplar, a vivir, a ser. No hace falta ir a Yoga para encontrar esta sensación, ni siquiera subir a una montaña de 2000 metros para hacerlo. A lo largo del día, en cualquier lugar y momento, hay infinidad de ocasiones para encontrarse con [email protected] [email protected] y disfrutar.

Penelope Leach, en su libro Baby and Child es bastante exigente con lo que [email protected] padres/madres debemos ofrecer a [email protected] [email protected] pero es muy clara con el tema juego padres-niñ@. Sabe lo tentador que es entretener a [email protected] pequeñ@s de la casa y hacer su vida más fácil con ello. Pero ruega que [email protected] madres/padres nos pongamos en el lugar del niñ@, de alguien que tiene su propio proceso de adquisición, virtudes y puntos flacos que hay que ir mejorando o asimilando. “Acaparar” a [email protected] niñ@s es muy fácil. Lo difícil es dejarles ser. Sin más.

“Cuando tu [email protected] no pueda hacer algo, (y te lo pida añadiría yo) préstale tus músculos coordinados, tu altura, y tu peso, pero ten claro que debes parar inmediatamente tras solucionar el problema”, dice Leach.

Es bueno que le escuches si tiene algo que decir, si te pide que juegues a algo momentáneamente para expresar algo que no puede expresar de otra manera, entonces adelante.

Encontrar el equilibrio entre tus intereses y los de tu [email protected] es todo un reto, sobre todo si no sabes los intereses que te mueven, pero es más fácil encontrar el camino si “desaceleras” tu vida un poco, si no te exiges resultados y producción. Pasar tiempo de calidad con tu [email protected] es eso: calidad, tanto para ti como para él/ella. Disfrutar de tu tiempo mientras tu [email protected] juega (o no) con [email protected] niñ@s, [email protected], es de las mejores formas de disfrutar. Él/ella sabe que estás ahí, disponible, feliz. La felicidad irradia felicidad.

Para, respeta y deja que te respeten. La vida también está en esos momentos: en los silencios, en los parones.

Y sobre todo enseña que cada [email protected] tiene distintas aficiones y momentos para todo. Es sano, es bueno, es amor.

Imagen de: Tim Cummins

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6 thoughts on “¿Juegas o intervienes?

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  2. Hola Raquel! totalmente de acuerdo contigo! hay que dejarlos jugar como ellos quieran! vigilando que esten en un sitio seguro y con cosas seguras, pero por lo demás es mejor dejar que ellos decidan como se juega a algo. Hace unos días fue el primer cumpleaños de mi bebe y recibió muchos juguetes, el pobre estaba tan agobiado que no se atrevia ni a tocarlos, además todo el mundo le decía “esto se hace así” “tienes que apretar este botón”…la cuestión es que días después y a solas con sus juguetes ya juega a su manera, descubriendo por si mismo si le da a ese botón suena una música o no, sin nadie que le diga lo que tiene que hacer.
    muchos besos
    María

  3. Me HA ENCANTADO este artículo, concuerdo en CADA SIMPLE PALABRA. Le voy a poner un link en mi blog.
    Leo tu blog mientras mi hija juega con sus muñecas al lado mío. Su juego es una música celestial y el mío ya lamentablemente suena como unos osos tocando caceloras.

  4. no sabes la alegria que me ha dado encontrar estas palabras, tengo mellizos de 9 meses, soy primeriza y lei a Emmi PIkler y no pude de dejar de aplicarlo con ellos. Me encanto su mirada de respeto hacia mis bebes, todo lo que habia leido antes me parecia algo asi como una carga enorme…que no disfrutaba, siempre estaba en falta con algo…pero me he sentido sola en esta mirada, asi que decidi escribir un blog sobre mi experiencia pikler…la idea es buscar otras madres, dado que aqui en argentina no hay nada sobre esto….voy a agregarte a mis blogs. que lindo! gracias, lucrecia

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