Los celos

CelosCuando me quedé embarazada de Maya una de las sensaciones primeras fue de “engaño”: sentía que, de alguna forma, privaría a Iris, mi hija mayor, de cariño. La sola idea de poder querer a Maya de la misma forma que a Iris se me hacía difícil de digerir. Confiaba en la Naturaleza y en que ella me guiaría de nuevo en este camino nuevo y único. Y así está siendo.

Iris vio nacer a Maya. Supongo que ese es uno de los mejores comienzos que puedes darle a dos [email protected], la oportunidad de ser partícipes de la llegada de [email protected] [email protected] familiares. Ojalá en el futuro se permita en los hospitales que [email protected] [email protected] puedan presenciar, si así lo desean, el nacimiento respetado de los recién llegados.

Mientras que [email protected] reíamos o llorábamos ante la nueva presencia de Maya, Iris sonreía y saludaba a su hermana tranquilamente.

Inmediatamente quiso estar cerca, olerla, abrazarla, dormir a su lado. Iris dejó de mamar cuando Maya tenía 5 meses de gestación, y por que fui yo quien decidió que quería interrumpir la lactancia. Aquello fue más traumático para mí que para ella, pero pensé que tras el nacimiento a lo mejor Iris quería reengancharse. Sin embargo no fue así. Un día lo pidió, mamó un poco y decidió que aquello “era de bebés” y lo que sí hizo a partir de entonces es acompañarnos siempre que Maya mamaba, dando ella a su vez el pecho a un bebé de juguete que anda por casa. “Qué buen ejemplo”, pensé.

Poco a poco, día a día, Iris se ha convertido en la mejor conocedora de Maya, y Maya de Iris. Ambas se relacionan en un lenguaje y en un nivel que ni su padre ni yo alcanzamos a entender.

Las bases para un vida familiar respetada es un comienzo respetado.

Con el tiempo Maya gatea sin parar e interactúa cada día más despierta a los juegos e intenciones de su hermana mayor. Eso ha provocado que ambas quieran a veces jugar con el mismo juguete, o quieran que mamá las coja a ambas al mismo tiempo, o quieran pasar por la puerta las dos al mismo tiempo. Han llegado los famosos “celos”.

Los celos son tan propios del ser humano como cualquier otro sentimiento. Como cultura nos empeñamos en erradicar aquellos sentimientos que son negativos pero están ahí y no hay nada de malo en ellos, lo malo está en suprimirlos, como cualquier otro sentir.

Cuando [email protected] siente celos es que siente que es inferior de alguna manera que hay algo que debe trabajar. Mientras que [email protected] [email protected] podemos reconocer esas carencias (no [email protected] lo hacemos) y trabajar sobre ellas, los niñ@s saben que lo sienten pero no han aprendido aún a canalizarlos de forma positiva. Quieren ser [email protected] ú[email protected] protagonistas, [email protected] mejores, [email protected] más rápidos, [email protected] más capaces, [email protected] más [email protected]

La clave no está en eliminar los celos, sino en disminuir las ocasiones en las que estos aparecen y trabajar con ese sentimiento (y no en contra) cuando se sienta a la mesa.

Las rivalidades familiares ayudan a desarrollar recursos y fortalezas internas cuando se manejan de forma constructiva. Es enriquecedor para el ser [email protected] las relaciones de compromiso, el compartir vida y recursos que supone tener [email protected]

El o la [email protected] única buscará y trabajará sobre estos sentimientos fuera de casa.

Cuando un [email protected] tiene alta autoestima, ha recibido y recibe mucho amor y respeto, es más fácil para él/ella el sentirse menos [email protected] que aquel que siente que pierde por todas partes. [email protected] padres/madres tenemos aquí la responsabilidad de hacer que eso sea posible.

¿Cómo?

1. Partiendo de la base que [email protected] [email protected] se entienden y protegen entre [email protected]: poca o nada intervención ante sus disputas, juegos, etc. Nadie se vuelve [email protected] cuando tiene un [email protected], todo lo contrario, aflora en él/ella un nuevo sentimiento de pertenencia, protección, amor… Eso no quita que, como niñ@s que aún no tienen toda la fuerza, equilibrio, etc., del mundo, a veces puedan lastimarse sin querer. [email protected] , grandes y pequeñ@s, tenemos accidentes y hacemos daño sin querer a [email protected]

Para el [email protected] más [email protected] aparentemente, el tener la libertad de poder solucionar sus propios conflictos con alguien aparentemente superior (más alto, más fuerte, más ágil), sin que nadie le asista, es una escuela activa de recursos, donde tiene la oportunidad de medirse y buscar alternativas que de otro modo no buscaría. Además recibe el mensaje de “tú puedes, confío en tu valía” que tiene aún más importancia.

Dentro del sentido común: deja que [email protected] se relacionen y arreglen sus conflictos. Están diseñ[email protected] para ello.

Para mi es emocionante ver cómo Iris cuida y disfruta de Maya, la más desvalida físicamente en estos momentos ya que aún no anda, cómo la espera, inventa juegos a gatas, etc. Es algo natural, yo no le he dicho “juega más despacio”, es innato en Iris adaptar sus juegos a esta nueva jugadora. El trato con el resto del mundo y la incapacidad de Maya para saber que por ejemplo tirar del pelo hace daño, hace que a veces surjan conflictos que acarrean violencia y dolor. En esos momentos, y sólo en esos momentos, su padre o yo damos sugerencias del estilo “¿qué podrías hacer para mejorar esta situación?” y si el tema se nos va un poco de las manos directamente las separamos sin brusquedad ni moralinas incluidas, sin decir nada, y vemos qué pasa. A veces proponemos alguna actividad distinta, ofrecemos soluciones por si quieren tomarlas, etc.

 

2. Cada [email protected] tiene su espacio y sus [email protected].

Iris es Iris y Maya es Maya. No tienen por qué jugar ni estar juntas si ellas no quieren. De hecho lo sano y normal es que tengan grupos de [email protected] [email protected], aunque si tienen casi la misma edad puede que compartan [email protected] Son hermanas pero no tienen por qué ser amigas, o por lo menos no serlo todo el tiempo. Hay momentos en los que Iris se encierra en una habitación para que Maya no entre y es importante respetar esa decisión. Maya llora de frustración, y es consolada con ese sentimiento, pero no hacemos juicios de valor a ese acto.

Iris está en su perfecto derecho de tomarse ese espacio, como lo haríamos cualquier [email protected] si lo necesitáramos.

Lo mismo sucede con Maya. Tras muchos gateos y juegos hay veces que vuelve a mí a descansar, o a mamar, o quiere cambiar de aires. Y es respetado su deseo. Iris a veces se frustra porque quiere seguir jugando con ella, pero es consolada en esa frustración sin ningún añadido.

Las relaciones no se fuerzan, las relaciones fluyen, cambian, se alimentan.

 

3. Empatía. Deben existir canales de diálogo abierto entre [email protected] y padres/madres donde [email protected] niñ@s tengan la confianza, el lugar y el tiempo para compartir con [email protected] padres/madres sus emociones, la tranquilidad de poder decir “odio a mi [email protected]” sin ser [email protected]

Qué importante es eso. Es el hogar, la familia en sí: el lugar donde [email protected] puede ser [email protected] [email protected], con sus virtudes y sus carencias, con todo su rango colorido de sentimientos, sin ser juzgado.

Compartir sentimientos de forma abierta, sana y respetada, es el único paso para poder canalizarlos de forma constructiva. Cuando sabes que sentir celos no es malo, que además te escuchan y comprenden, que te explican que no eres ni mejor ni peor que tu [email protected], que cada [email protected] tiene cosas mejores cosas que mejorar, entonces no te sientes en desventaja y no tienes necesidad de tramar retorcidas venganzas. Estás en paz.

Aquí entraría un clásico: no compares [email protected]. De la misma forma a ti no te gustaría que te comparasen con otras personas, ¿no?

Somos [email protected] padres/madres quienes llevamos problemas crónicos de celos al hogar, no los niñ@s. Su llegada enriquece el ambiente, cada [email protected] renueva la familia, la airea y la hace más fuerte.

Somos [email protected] padres/madres quienes podemos hacer de su llegada (da igual tener un hijo que ocho) un infierno o un paraí­so.

Si los celos se convierten en un problema en tu hogar debes buscar por qué sucede eso y qué es lo que estás haciendo para avivarlos. A veces favorecemos más a un [email protected] que a [email protected] porque nos recuerda ciertas características de nuestra infancia que queremos resaltar, porque nos parece más desvalido, comparamos o reproducimos los parámetros de no respeto en los que se nos crió (reconocer que no se nos ha criado con respeto no es un ataque a tu familia, se puede querer profundamente a tus padres pero reconocer las cosas que quieres cambiar en esa crianza como forma constructiva de solucionar problemas y vivir de forma más consciente).

Otro añadido es la creencia popular (confirmada erróneamente por muchos pediatras) de que la llegada de un [email protected] supone “el trauma”. Claro que lo supone si el ambiente familiar ya es deficitario. Entonces puede ser brutal. Y hay que partir de la base de que un alto porcentaje de familias son (somos) deficitarias en algunos o muchos puntos.

Pero si hay tiempo, amor y respeto, y la intención de mejorar, la llegada de un [email protected] es una bendición para [email protected]

Empatía, democracia participativa, conocer qué sentimientos están presentes en padres/madres y niñ@s son las semillas para cosechar felicidad familiar por los cuatro costados.

El tiempo aclaró mis dudas y demostró que amo a Maya como amo a Iris, la Naturaleza nos pone día a día a [email protected] más en nuestros sitios.

Tener [email protected] [email protected] es lo mejor que he hecho tras el nacimiento de Iris. No sólo no hay una inmensa gratitud a la vida por este nuevo regalo, hay mucha voluntad por seguir aprendiendo con ellas y muchas ganas de hacerlo lo mejor que pueda. Muchas cosas que aún tenía sin resolver emocionalmente han salido a la luz con esta segunda maternidad y gracias a mis hijas cada día es una alegría y una nueva oportunidad para construir esta familia tal y como la había soñado.

Imagen de: farmgalphotos

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