El terremoto de [email protected] [email protected]

El terremoto de l@s hij@s

Una mamá que ha tenido su primera hija hace unos días me decía “a veces siento que he perdido mi identidad como persona”. Y me recordaba a aquellos primeros momentos, cuando Iris apenas tenía unas horas de vida, y lloraba sin parar, y no callaba, o yo no sabía darle consuelo. Y lloraba, y lloraba, y pasaban las horas, los días, y lloraba, y yo deseaba meter la cabeza bajo la tierra para no escuchar más, o tener una pócima secreta para poder usar… Estaba empleando todo lo que había aprendido: lactancia, piel con piel, todo mi tiempo, mi dedicación… pero ella no paraba de llorar.

Es verdad que hay bebés que son más [email protected], pero cuando tu bebé está diseñad@ especialmente para levantar altas y claras sus quejas y tú pones toda tu mejor voluntad y no funciona, las horas de sueño (sin dormir, claro) se van acumulando, y hasta el más pacífico ser humano pierde un poco el norte, se enfada, se entristece, se arrepiente. Creo que es valiente que en la primera conversación telefónica que teníamos tras el nacimiento de su hija esta mamá me dijera eso. Porque no está bien visto. Porque “lo suyo” es ser muy buena madre y saber acallar al bebé, hacerle feliz. Y por supuesto, nunca arrepentirse o quejarse al respecto.

Respecto a los cuidados al bebé, por un lado está la versión de [email protected] [email protected]: es que estás malcriando al bebé y debes dejarle llorar e imponer tu estilo de vida. Y por otro lado la versión de [email protected] [email protected]: es que no hay suficiente apego o tu contexto no es el adecuado para dar todo el amor que el bebé requiere. [email protected] tienen consejos, [email protected] tienen la clave, pero eres tú quien parece no encontrarla.

Para [email protected] es indecible e impensable arrepentirse (aunque sea momentáneamente, o de algo concretísimo) del nacimiento de un hij@.

Y [email protected] y [email protected] no ven tus intentos, tu pena, tu imposibilidad… no se ponen en tu lugar. Y pasan meses hasta que no te sientes, más o menos, “una buena madre”. Y ahí quedan esos meses de incomprensión, de represión y de muchas dudas. Y un mensaje claro: no lo has hecho bien. La culpa es tuya.

Pues bien, si eres de [email protected] mortales, hay buenas noticias: la culpa no tiene por qué ser tuya, ni del bebé, en la mayoría de los casos es del contexto, de ese contexto de bebés perfectos, sonrientes, sonrosados, sanos, pacíficos, saludables, y mamás perfectas, sonrientes, sonrosadas, sanas, pacíficas y saludables. Un contexto sin apoyos, donde cada un@ vive en su casa, donde sólo se hace comunidad si un@ se lo propone firmemente. El contexto ideal de crianza sonriente de los anuncios y las películas, en general, no existe. Hay que trabajar, correr, comprar, estar perfect@… para ser parte de la tribu. Puede que en tu caso se den todas las combinaciones cósmicas para que así sea, enhorabuena. Pero lo normal es que tu mundo, tus creencias y tus valores se tambaleen profundamente y que el camino sea duro.

Otra buena noticia es que la Naturaleza aprieta pero no ahoga: tarde o temprano encontrarás la forma de poder convivir de forma pacífica con tu bebé, porque pronto descubrirás que puedes ladear ese contexto, que a lo mejor no hace falta trabajar tantas horas, ni vivir en esa casa tan grande, ni limpiar tanto, ni tener que ir al gimnasio para perder celulitis… Verás que no “pierdes tu tiempo” por estar todo el día abrazad@ a tu bebé, y que tampoco pasa nada cuando necesitas un tiempo para ti. Encontrarás el equilibrio, a pesar de lo que digamos [email protected] y [email protected] Encontrarás que lo importante es otra cosa y que poco a poco te estás acercando.

Hoy en día, tal y como tenemos planteada la vida, tener [email protected] supone un terremoto emocional para cualquier (o casi cualquier) mortal. El que más o el que menos se ha planteado qué ha hecho para merecer eso, y [email protected] han llegado a pensar alguna forma de dar marcha a atrás. Como sabes, no la hay.

Tienes a tus pies un valioso tiempo para la reflexión, para el cambio. Recapacita, descubre que normalmente el agobio viene dado porque podrías hacer otras cosas más valiosas o productivas (en esta sociedad productiva y de fines) que escuchar el llanto de tu bebé. Por ejemplo, si el bebé fuera pacífic@, podrías acariciarle las mejillas mientras le cantas alguna canción, como hemos visto tantas veces en anuncios televisivos, o podrías enseñárselo a la gente “mira, este es mi bebé” sin que tuvieran que salir despavoridos con los dedos en los oídos. O podrías retomar tu vida normal. Pues bien, resulta que tu modelo de “cosas más valiosas y productivas” a lo mejor ha quedado obsoleto. A lo mejor ahora es tiempo de parar y escuchar esos gritos, de acoger ese nuevo orden desordenado, de olvidarse un poco del modelo social de madre, padre, hij@, de descubrir que tu familia es única.

Cuando un@ descubre esa verdad, la unicidad de ese bebé, de ella misma, y de todo lo demás, se queda infinitamente más tranquil@ y ni siquiera los llantos más arraigados pueden destruir esa sensación de plenitud, de amor, de paz, que trae la maternidad (paternidad).

Más fuerte aún es cuando un@ descubre que su concepto de identidad ha quedado absolutamente obsoleto. Que lo que “se creía ser” ya no vale. Eso si que es valiente, salir ahí y decir: he vivido una farsa, ahora voy a aprender a ser yo. Esa además es la única forma sana de criar a un bebé. Cuando eres tú. Y si encima mejoras ese yo para guiar la vida de tu hij@, entonces ya es de nota.

Sin competición, sin comparación, sin demostración, sin marcha atrás. No hace falta. La marcha hacia delante está llena de aprendizaje.

Para [email protected] que el nacimiento de un bebé ha marcado un antes y un después, Felicidades. Gracias a [email protected] [email protected] bebés, como el de esta mamá, como mi hija Iris, que hacen este camino más fácil.

Imagen de: eBomb716

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