Natación o no natación, esa es la cuestión

Natación o no nataciónCon 30 grados centígrados de media, como cada año, el ir a la piscina con [email protected] [email protected], se ha convertido en el ritual de toda familia que tiene a sus [email protected] en casa. Allí chapotean, se refrescan, interactúan (si es que [email protected] pa/madres no estamos todo el rato encima, y cuidado que supervisar por su seguridad no es lo mismo que dirigir su juego) y aprenden.

Creo que ya escribí sobre esto el año pasado pero vuelvo a hacerlo, porque este blog es mi cajón de vivencias y necesito escribir lo que no puedo gritar. Si grito me acusan de hereje, y aunque no estemos en periodo inquisitivo nunca sabes… la gente sigue rechazando lo que no es igual.

De nuevo, como cada verano, me enfrento cual extraterrestre al ejército de pistolas de agua, pelotas y todo tipo de artilugios plástico-festivos que hacen las delicias de los propietarios de dichos bichos. Ya en la toalla tenemos los juegos individualistas tipo Play Station que también me repatean los hígados: si quiere que juegue con la Play, por favor, no traiga al niñ@ a un lugar lleno de [email protected] [email protected], total no se va a enterar de que existen.

Últimamente además se me hace difícil ver a [email protected] solamente con traje de baño (o sin él, esto último todo un placer para [email protected] [email protected], y para [email protected] que no lo son, pero el miedo y la ignorancia hacen que nos tapemos y les tapemos): gafas, manguitos, flotadores y un sin fin de nuevas tecnologías acuáticas acompañan a los peques en sus inmersiones. A veces llevan tantos artilugios que parece que van a quedarse un par de días a vivir en las profundidades.

Ya accedí a los manguitos, sobre todo porque cuando estoy sola con las dos, con Iris y Maya, me es difícil controlar que las dos flotan. También accedí a la camiseta de surf que las protege del sol: al igual que ocurre en los parques infantiles la mayoría de las piscinas no tienen sombras y echarles crema una y otra vez no me parecía la mejor opción. A algún que otro político les pondría yo al sol veraniego madrileño unas horas, a ver qué se le ocurre… El tema es que, normalmente, los políticos no van a las municipales a nadar. Supongo que por eso no ven la necesidad de sombrear a [email protected] [email protected] Eso y nuestro silencio, claro.

Y de nuevo, como cada año el tema estrella: la natación. Un@ o [email protected] monitores llenos de carritos de compra a su vez llenos de churros, tablas, corchos y otros flotantes. Y [email protected] haciendo cola. Una de las actividades con lleno seguro durante el verano.

Y en esa cola me reconozco: una niña pequeña, asustada, que tiene frío, a la que tiran u obligan a tirarse, a la que no se le permite llorar, a la que no entiende por qué tiene que pelearse con el agua… Y todos dando aplausos si lo haces bien o diciendo que hay que mejorar si lo haces mal. Los monitores son “profesionales” del aprendizaje infantil a [email protected] que se pide consejo. Y [email protected] pa/madres alardean: gracias a la natación fulanit@ ya se tira, y mete la cabeza!! Y el ya manido: ¿no le has apuntado a natación? A lo que me gustaría contestar: pues no, nunca me ha gustado hacer sufrir a mis hijas y no lo voy a hacer ahora. Pero te callas. Ya soy bastante rarita en mi comunidad como para encima tener salidas de tono.

A un lado el “un dos un dos” de la natación. Y al otro, como siempre, mis niñas, y algún otr@ despistad@ o consciente, aprendiendo a su propio ritmo, sin presiones, disfrutando cada minuto del agua, aprendiendo su textura, su densidad, su olor, su color, las ondas que hace al correr entre los dedos, su sabor…

El primer día (o los primeros mil días) el niño o la niña no se acerca, le da miedo, sólo en brazos, explora en la seguridad de mamá o papá, o quien quiera que haga pie y sea de confianza. Y no es que sea un quejica, es todo lo contrario, precavido, inteligente, observador. Luego poco a poco se lanza, cada vez con más seguridad, con más técnica, con mucho mucho placer. Aprendiendo de sus errores, creciéndose ante las dificultades. Ganando autoestima con cada logro personal, único e intransferible. El “lo he conseguido”.

Y luego ya no hay quien les saque, porque les encanta, porque no necesitan cachibaches para disfrutar todo un largo día dentro del agua, porque en sí el agua es uno de esos medios cautivadores al que se le pueden dar mil y un usos. O mil y un millones de usos. Y cuando un@ descubre eso es muy difícil que ningún juguete pueda suplir ese placer.

Eso es lo que evitamos a [email protected] pequeños con tanta dirección, con tanta clase, tanto cachibache y tanto llanto. Evitamos que descubran por si [email protected] el agua y que aprendan a disfrutarla. Evitamos que aprendan de una forma segura a enfrentarse con las profundidades, las corrientes, que es experimentándolas poco a poco, sin presiones, con la seguridad de un adult@ responsable neutral que les mira y tiende el brazo sólo si [email protected] lo reclaman.

Y fulanit@ empezará a bucear con 3 años, y menganit@ con 5, y otr@ con uno…

Se me llevan los diablos cuando además todo se hace en pro de la seguridad: “tiene que aprender a nadar porque es un seguro de vida”. Es verdad que es bueno que experimente con el agua lo antes posible, y que la conozca, que sepa que no está quieta, que no se comporta igual aquí que allá, como con el resto de las cosas en la vida. Pero eso no se aprende en clases de natación. Se aprende en el día a día, en diferentes contextos, como se aprende todo lo demás. No es lo mismo una piscina que un río, ni un río que el mar, ni una costa que otra… Cuando sabes y conoces tu cuerpo (que no es igual a ningún otro), tu resistencia (que no es igual a ninguna otra), tu flotabilidad (que no es igual a ninguna otra) entonces puedes valorar qué o no hacer. Y la seguridad en ti mismo y el conocimiento de tus propias capacidades físicas y psíquicas sí es un seguro de vida.

Si a eso le unes que las cosas no se aprenden por miedo, que ya está bien de tanto catastrofismo, que las cosas se deben aprender para disfrutarlas y fluir con ellas, entonces todo esto de las clases y los pa/madres dando gritos a [email protected] [email protected] y haciéndoles llorar para que espabilen acuáticamente se acaba.

Y se aprende disfrutando si hay amor, tiempo y unicidad. Lo demás son pamplinas. Las clases de natación suplen a un adult@ responsable que pueda emplear algo de su tiempo en disfrutar acompañando al pequeñ@ en sus inmersiones en la vida.

Delegar no es amar. Delegar es delegar.

Gracias, Arancha, por la inspiración y por acompañar a Emma en este bonito viaje acuático que ha emprendido.

Imagen de: S Jagadish

Artículos relacionados:

15 thoughts on “Natación o no natación, esa es la cuestión

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Me parece una opción muy buena, y que sin duda tendré en cuenta para cuando me toque. Personalmente, mis padres si que me apuntaron a cursos de natación, y les estoy muy agradecido por ello. Eso sí, era natación de perfeccionamiento, pues a mi me enseñó mi padre a nadar a pelo, igual que estás haciendo tu, y disfruto y me encanta el agua desde entonces 🙂

    Y ahora, respecto a otro tema, te tengo que contar que cada vez que leo textos con arrobas, me sangran los ojos. Me resulta farragoso, dificil de leer y además me hace gracia cuando se te pilla en algún renuncio (que ya has tenido alguno en otros textos) en el que no usas arrobas en todas las palabras que “deberían” llevarla y se te nota que piensas usando el masculino neutro.
    Así que, en aras de una mejor expresión y comprensión lectora, me voy a permitir enviarte un par de enlaces que versan sobre el lenguaje inclusivo, es decir, usar un lenguaje no sexista y que evite el uso de arrobas, de “las/los” de palabros tipo “miembras y miembros” y de otras dolorosas patadas al diccionario.

    Libro de estilo del periódico Diagonal (el punto relevante el el 16):
    http://www.diagonalperiodico.net/d-Errores-comunes-o-cosas-que-no.html

    Un recopilatorio de recursos web sobre lenguaje no sexista:
    http://www.berdintasuna.ehu.es/p234-content/es/contenidos/informacion/igualdad_otras_guias/es_guias/adjuntos/Recopilatorio_de_recursos_web_sobre_lenguaje_no_sexista.pdf

    Un saludo y enhorabuena por tu blog. Seguiré leyendolo y comentando de cuando en cuando aunque me sangren los ojos en el intento 🙂

  3. Bueno, Raquel, por una vez no estoy del todo de acuerdo con vos… Para mí el que mis niños sepan nadar es una obligación. Tengo 3, y es imposible estar con los 3 al mismo tiempo en el verano. Y a eso agregale que Joaqui, el mayor, tiene amiguitos con pileta… y yo lo viví en carne propia con la hermana de una amiga, que en milésimas de segundo apareció flotando en la pileta, así que Joaqui va a natación desde que era bebé. Tal vez por eso disfruta muchísimo el agua y va con mucho placer a sus clases, que hace durante todo el año. Ibamos a matro desde que tenía 6 meses. Después, a los 2/3 años, el iba a natación y yo estaba en la pileta grande de al lado, y nos saludabamos. Y ahora ya hace 2 años que toma clases 2 veces por semana durante todo el año, excepto en el verano, que natación pasa a ser un disfrute y no una obligación…
    Con Emma vamos más o menos igual, porque si bien no ha hecho matro, el año pasado saqué pase libre de pileta y mientras Joaqui tomaba su clase yo me metía con Emma, y ella lo disfrutaba muchísimo, y no ve la hora de empezar a ir a clases (en el club al que vamos pueden tomar natación a partir de los 3 años, así que todavía no puede ir, lo que la decepciona mucho).
    Es cierto que yo siempre disfruté muchísimo las clases de natación, aún de pequeña, y mis hijos hasta ahora es igual…
    No sé como será con Maite cuando sea mayor.
    Tal vez si alguno de ellos no quisiera ir a clases, lo “pospondría” lo más posible, pero llega una edad en que considero indispensable que sepa defenderse en el agua. No pretendo que naden con estilo. Simplemente que sepan flotar, que no se asusten si no hacen pie, y que puedan nadar unos metros hasta agarrarse de un borde o aguantar un tiempo haciendo la plancha…
    Un beso envidioso desde Argentina, que mientras uds. disfrutan del sol madrileño aquí nos estamos congelando!!

  4. Pero bueno! si te sangran los ojos! no era mi intención! Es curioso como las arrobas traen un sin fin de comentarios en contra…A mi me pasaba lo mismo hasta que me acostumbré. Pero apunto y tomo nota, y me miro estos enlaces tan interesantes que mandas. Besos y abrazos 🙂

  5. Estando de acuerdo contigo, creo que no todas las clases de natación son iguales. A mi hijo le gustaba mucho el agua y con cuatro meses lo apuntamos a matronatación. Ahora tiene casi dieciocho meses y la piscina es uno de los mejores momentos de la semana. Va a una piscina donde tiene el monitor sólo para él o, como mucho, para otro bebé más así que entre el monitor y nosotros somos los adultos responsables que dices. No se le obliga a hacer nada que no quiere y si no le gusta estar en el agua, lo sacamos aunque no haya terminado la clase. Y llevarlo a clase de natación nos ayuda a nosotros como padres a superar nuestros miedos y a tener imaginación sobre lo que es capaz de hacer él en el agua. Porque no se usan muchos materiales, un churro y unos manguitos. O sea, que si las clases son como tú las describes, lógicamente natación o no y mi hijo no seguirá nadando si cuando son más mayores son así pero otro tipo de clases de natación sí puede ser muy beneficioso.

  6. Hola Mª José. En tu caso estás dejando a tu hijo con alguien en quien confías y en quien él confía. Efectivamente no hablamos de lo mismo. Muchos besos

  7. Sí, yo soy de esa generación de las que nos tiraban al agua…y es cierto Raquel hay presión para todo, ahora estamos con los lanzamientos desde el bordillo, ella sola, por pura imitación, el resto es un concurso muy estresante, como todo: andar, el habla, el pañal…POUF! Por que no se piensa en disfrutar, sin más?

  8. Qué dedicatoria tan bonita Raquel!
    Me encanta tu artículo. Para mí sí queda claro que lo que no te gusta de las clases de natacíón es el poco respeto que en ellas suele haber por los bebés y sus ritmos. Y que asistiendo a clases dirigidas, anulamos sus instintos y su necesidad de explorar.
    Sabes lo que no te dije el día que compartimos charla en la piscina? Tengo una palabra clave en esto de la crianza y, en particular, en el caso de la piscina, “acompañar”. Siempre intento acompañar y no dirigir a Emma en todas sus actividades y juegos. ACOMPAÑAR, me encanta! Veo que no soy la única que tiene tan presente esta palabra!
    Me sonrojo cuando dices que he sido tu inspiración……. Sabes que a diario, con las diversas situaciones que se producen con Emma, me pregunto cómo las solucionarías tú con tus nenitas? así que GRACIAS A TÍ, por ser mi inspiración diaria!
    Muchos besos y amor para los cuatro!

  9. Pues no te sonrojes! En realidad nuestra tarea es acompañar…en todo momento. Pero no es fácil darse cuenta. No estamos [email protected] a parar, a observar, a ceder el control y disfrutar. Emma es muy afortunada y debes estar muy orgullosa del trabajo que estás haciendo…o mejor dicho “dejando hacer” 😉 . Muchos besos de lunes

  10. Trabajo desde muchisimos años en la natación con bebés y estoy horrorizada de lo que veo en las piscinas: muchas veces veo niños acusando fuertes síntomas de estrés (que no es nada bueno para el cerebro) o no entendidos en su emoción y presionado a meterse en agua donde no tocan. Tienen que pasar por el miedo y la separación de la seguridad que representa las manos de sus padres antes de poder disfrutar. ¿Para nosotros como adultos elegimos esta forma de aprendizaje?
    Sus padres y madres son las mejores para detectar si la experiencia que está viviendo es positiva. Los mejores enseñantes para un niño son sus mismos padres. Lo mejor es enseñar a los padres, porque sean ellos que a su vez enseñen a sus hijos, sobre todo en la primera infancia.
    Estoy horrorizada de como a nivel institucional/político permiten que monitores (de la natación) no preparados para trabajar con la infancia, (después de un cursillo de fin de semana) se permitan trabajar con bebés (a lo mejor sin haber sido nunca padres/madres).
    No creáis todo lo que se vende, ni en las modas, filtrar siempre la propuestas que involucran vuestros peques. Como padres y madres es mejor empatizar con el niño, estar dispuesto a favorecer su autonomía en una vivencia feliz.

Deja tu comentario