Si te pegan, defiéndete

Al final, como sabéis, Iris va a un cole, rural, pequeño, acogedor, familiar. Eso hace que se relacione con otros niños y niñas que, aunque algunos dicen que no es necesario, nosotros sí que hemos notado que para ella sí lo es, y que lo disfruta.

La llegada de Maya hace dos años también ha supuesto un cambio importante en la vida de Iris, antes hija única y ahora no.

La profesora de Iris nos llamó hace unas semanas para una entrevista.

Nos dijo que había notado que Iris no se defendía cuando había altercados con otros niños, que siempre iba a ella a denunciar la agresión, pero nunca tomaba cartas en el asunto. Nos comentó su preocupación porque “en el futuro”, dijo, “yo no estaré ahí para defenderla”.

Le comenté que en casa ocurría lo mismo, que Maya la agredía a veces, y que ella venía a nosotros o se iba a jugar a otra parte. Nos dijo que debíamos animar a Iris a que se defendiera, que irse a otra parte era como claudicar ante la agresión, hacer que Maya ganara.

La teoría general es : “si te pegan, pega más fuerte”, o “si te pegan, defiéndete”.

Esa teoría se ve reflejada socialmente en todos los ámbitos, y los adultos no somos sino un reflejo de esas enseñanzas, no hay más que ver la competitividad y agresividad con que en general manejamos nuestras vidas.

Nuestra tarea como padres es adecuarla a su entorno y ofrecerle los recursos. Comenzamos entonces a decirle a Iris que se defendiera, tal y como nos habían sugerido, pero el resultado fue una escalada muy desagradable de violencia en casa, y de mucha frustración por parte de todos. Aquello empeoraba el problema.

Perdidos como padres, nos pusimos a investigar. Ser padres perfectos es una utopía, pero no tener recursos con los que abordar un asunto, te deja muy expuesto y confuso, así que nos pusimos manos a la obra.

Por un lado están los que piensan que es bueno dejar que los niños se den de tortas para que aprendan las consecuencias lógicas de sus actos y activen sus propios recursos.

Esta teoría no nos satisface desde que pensamos que hay dos límites a cualquier edad: el respeto hacia el otro y el respeto hacia las cosas o animales. Hemos presenciado peleas “alternativas” entre niños a puñetazo limpio, donde además uno siempre pega más que el otro, que no nos parece nada educativo, con todo el respeto a sus alternativos padres y sus teorías.

Al igual que he visto a madres maltratadas por niños tiranos, madres que aguantan el maltrato para no contradecir la “naturaleza” de sus vástagos. Pobres madres y pobres niños, menuda falta de respeto hacia todos.

Luego tenemos la teoría de algunos psicólogos y psiquiatras que defienden que el respeto por el otro (sea persona, animal o cosa) debe ser inducido con firmeza, empezando por la defensa de los propios derechos de los padres, ejemplo además para sus hijos. Esta teoría se acercaba más a nuestras ideas.

La permisividad en las agresiones es una falta de respeto al niño que agrede, y al agredido. El niño, como cualquier otra persona, es perfectamente capaz de asumir el respeto a otros. Incluso en edades tempranas.

Ahí nosotros fallábamos con Maya. Pensábamos que “era cosa de la edad” dar tortas por su egocentrismo. No es así. Maya prueba y ve las consecuencias. No se pone en el lugar del otro si nadie la pone. Si no hay consecuencias, sigue dando. Así de simple.

Finalmente llegamos a un libro que nos regalaron unos buenos amigos de una educadora, Maite Vallet, donde afirma que hay que dotar de recursos a los niños para que se defiendan de las agresiones, pero estos son recursos amables como por ejemplo expresar lo que uno siente ante la agresión “me estás haciendo daño y no me gusta que me pegues”.

Aunque parezca un poco idílico pensar que cuando te estén dando palos si levantas la voz y dices “ay, me duele, deja de hacerlo” pueda tener algún resultado, resulta que observamos que con Maya funcionaba.

A Iris le costó al principio expresar lo que sentía en ese momento “caliente”, como nos pasa a todos y como nos educan unos y otros: recibir y actuar sin tener en cuenta nuestras emociones.

Al escuchar, Maya paraba. El remate venía cuando Iris le decía “¿a ti te gustaría que te hicieran esto?”. Maya decía “no” , se quedaba perpleja y se iba a otra cosa.

Esto se debe a que Maya, dos años, es todavía egocéntrica por naturaleza y no sabe “del otro”, pero si alguien le plantea que se ponga en lugar de ese otro, entonces puede entender que eso no le gustaría.

El otro recurso que plantea Vallet en su libro es recurrir a una figura de autoridad si este primer recurso no funciona.

Como niña, al igual que como adulta, yo soy de esas personas que no se plantea meterse a la gresca en una pelea callejera, por muy justa que me parezca la causa.

Si percibo que me van a agredir tengo pocos recursos físicos para defenderme, pero creo tener los mentales para hacerlo lo mejor posible. Si tengo la oportunidad pido ayuda enseguida, a un vecino, a un transeunte, a un policía. O salgo corriendo.

Eso también es tener recursos. “Piernas para qué os quiero”, es muy útil.

Entusiasmados con nuestros hallazgos los pusimos en práctica. Ahora Iris tenía recursos:

  • lenguaje: dile cómo te sientes y cómo se sentiría la otra persona si le hicieran lo mismo,
  • huida: busca otro lugar más seguro y tranquilo,
  • autoridad: si no puedes con ellos, busca ayuda.

Nos fuimos a ver a la profe de Iris. Con mucha paciencia aceptó leer a Vallet y nos dijo que la realidad ahí fuera es distinta. Esto nos entristeció porque si padres y educadores tuviéramos los mismos objetivos, podríamos hacer un mundo más pacífico, un lugar más amable para vivir.

Pero eso no es posible partiendo de las premisas de las que parte nuestra cultura.

Cada uno tiene sus propias ideas y forma de hacer las cosas, por eso, por muchos recursos amables que tengas, encuentras ahí fuera a otros que no los tienen, que además han sido alentados a utilizar los recursos de la violencia y la ley del más fuerte.

Nuestro consuelo es que, como padres, estamos encantados con lo que ofrecemos al mundo, moralmente satisfechos. Iris también parece feliz con su forma de reaccionar ante las agresiones y Maya ha dejado sustancialmente de hacerlo, sobre todo porque se da cuenta de que no consigue nada con ello.

Y el resto, bueno, el resto se queda un poco perplejo cuando ven a Iris verbalizar sus sentimientos, o irse a jugar a otro sitio, o huir directamente. Eso, dice su profe, la hace en el futuro más propensa a recibir palos.

Pero hemos observado que los niños que agreden se quedan algo confundidos y se van a otra cosa. No sabemos qué pasará en el futuro.

Criar una guerrera o dos o tres no es nuestra labor. Hacerla consciente de la situación exterior si lo es, y dotarla de recursos.

Creo que estamos en ello.

Gracias a su profe por su genuina preocupación, a todos los autores que nos inspiran y sobre todo a Iris y a Maya por ser nuestro “trabajo de campo” y enseñarnos cada día nuestras carencias y virtudes, por ayudarnos a crecer.

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12 thoughts on “Si te pegan, defiéndete

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  2. Creo que tienes razón. Voy a buscar el libro para leerlo, me cae como anillo al dedo sobretodo ahora que mi hija acaba de entrar al jardín. Creo que ese es el camino correcto y coincido en que nuestra tarea no es formar guerreros sino niños llenos de conciencia, comprensión y herramientas amables y genuinas para expresar sus sentimientos y defenderse. Gracias por este post.

  3. me ha gustado mucho esta entrada, la verdad es que en un momento u otro todos los padres nos vemos en estas situaciones, bien porque nuestro hijo agrede o porque es agredido.
    Poner palabaras es tan importante… Pero con ese sencillo gesto, avanzaríamos mucho! Gracias!! un abrazo

  4. Nosotros siempre hemos educado partiendo de estos mismosprincipis de igusldad i respeto a uno mismo i a los demás. Tenemos tres preciosas hijas y hemos vivido infinidad de situaciones parecidas. La mayor tiene el mismo problema de Iris, la maestra tambien nos comento la misma situacion. Hay que trabajar mucho y darles recursos para que sean fuertes emocionalmente, ya que estas personas solo saldran intactos de una pelea si son fuertes emocionalmente y seguros de si mismos. Realmente también he observado que el uso de la palabra como defensa deja al adversario perplejo, ya que el niño/a que suele pegar siempre no tiene mucha capacidad verval y se queda atonito cuando recibe una vervalizacion en vez de otro golpe como respuesta.
    Saludos a todos y todas!

  5. Hola, me parece muy interesante esta entrada. Creo que tanto padres como maestros deberíamos fomentar mucho más este tipo de defensa, sobre todo el verbalizar las emociones en ese momento y fomentar la empatía en el “agresor”.

    Desde mi punto de vista, si se está viendo la conducta, sería bueno que en ese momento (justo cuando acaba de darse la defensa) se reforzara al niño o la niña que ha optado por defenderse de esa manera “claro que te sentirás mal, haces bien en decírselo” y volver a favorecer en el que realiza la conducta inapropiada esa empatía “¿a que no te gustaría que te lo hicieran a ti?”

    Un saludo.

  6. Bien pues comparto mi anécdota

    A mi me criaron bajo esa premisa de “Si te pegan, defiéndete”, mi madre siempre me dijo que de pequeño fui un niño muy tranquilo, pero que hubo un tiempo en el que me molestaban mucho en la primaria (habré tenido entre 6 y 7 años) y fue cuando me dijo que me defendiera.

    Resulta que efectivamente, los abusos por parte de mis compañeros terminaron, y aquel que se atrevía a hacerme algo le esperaba un buen golpe, todo normal a partir de ahí.

    Educación secundaría: como sabemos ahí se experimentan cambios hormonales y físicos al entrar en la adolescencia, yo por mi parte seguía con la misma premisa, así evité lo que ahora llaman bullying, pero en consecuencia me volví un chico sumamente agresivo ademas de que en ese entonces comencé a asistir al gimnasio de mi padre, entonces un chico que tiene la educación de defenderse, mas fuerza física y añadiendo el cambio hormonal era una bomba de tiempo al grado de llegar a golpear a quienes me molestaban hasta dejarlos casi inconscientes (Soy de México, mi escuela estaba lo mas cercano a un pueblo feo, osea que la vida era algo dura pues había muchas cosas malas)

    Si me llamaron la atención varias veces aunque nunca fui el bravucón, hoy en día pienso que muchas de las cosas que hice estuvieron bastante mal, abusé del uso de la premisa “Si te pegan, defiéndete” y me costó mucho trabajo volver al buen camino y ser la persona tranquila que debí ser siempre, pero dadas las circunstancias ocurrió lo antes mencionado.

    En mi educación de nivel medio superior me encuentro con un ambiente amigable, no había hostilidad por parte de ningún compañero, así que esa faceta quedó en el pasado, en la Universidad ni se diga, una época muy bonita y sin problemas .

    Mi único consejo para aquellos padres que quieran que sus hijos se defiendan es hacerles entender que simplemente es mostrar reacción ante las acciones y que no se pierdan en el enojo, que solo es algo momentáneo y tratar mantenerse al margen hasta encontrar su propio espacio con amigos que en verdad lo aprecien sin tener la necesidad de recurrir a la violencia

  7. Hola tengo un niño q deja q le peguen al igual q tu, me considero una mamá q prepara a un niño para vivir en un mundo mejor. También lamento q otros papás generen violencia en los niños y drseo q el encuentre un equilibrio

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