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Los delfines y los niños

Disciplina.

Menudo temazo.

Disciplinar a un niño consiste en enseñarle a comportarse de la forma que sus padres consideran deseable y ayudarle a evitar comportamientos que sus padres consideran inaceptables.

Cientos de experimentos psicológicos demuestran y han demostrado a lo largo de los años cómo, en general, los niños aprenden. Tener el acceso a estos “métodos” y elegir el que mejor convenga para disciplinar es tarea del padre/madre. Del mismo modo, el progenitor es el que elige lo que considera aceptable o inaceptable.

Y de nuevo, aquí, hay métodos, caminos, para aburrir.

  • Los hay que eligen no elegir (aunque no eligiendo ya están tomando un camino). Es decir, que el niño va haciendo lo que le viene en gana a los demás hasta que aprende por sí mismo, tarde o temprano, que esa forma de actuar no le beneficia ni le ayuda a relacionarse. De esta forma se auto regula con el tiempo. El problema principal de este modo de vida es cuánto los demás están dispuestos a esperar que el niño se autorregule, y la falta de guía del niño en la búsqueda del mejor modo posible.
  • Luego está el camino del castigo/recompensa que consiste en que los padres saben más que el niño qué es lo que le conviene y no dan tiempo a una auto regulación, sino que ligan las acciones espontáneas del niño con resultados elaborados propios de los padres. De esta forma el niño aprende que a cada acción suya hay una reacción de su padre o madre, pero no aprende las consecuencias propias de sus actos. Es la forma común de aquellos que no emplean ni un minuto en la investigación sobre cómo criar a sus hijos, y que van tirando por prueba y error. Es como si te dan 3 monos pequeños de repente y te dicen que les enseñes modales en unos años sin tener tú ningún tipo de formación al respecto. Sin ningún criterio ni camino vas probando lo que puedes. Y es un horror de experiencia para ti y para ellos.

Que nadie se ofenda con las similitudes entre animales y niños, ¿eh? os recuerdo que, en el fondo, somos muy animales, nos guste o no. En el resto del mundo animal tienen más claro esto de la crianza así que…¿por qué no admirarles?

Opino que es cruel dejar a mis hijas que encuentren su propio camino solas totalmente, cruel para ellas, para mí y para el resto de la gente que las rodea. Los bebés nacen con sus explosiones de emociones que aprenden a regular en los primeros años vida. Echarles una mano y aprender la mejor forma de hacerlo no me parecía intrusismo, sino todo lo contrario, creo que es mi papel como madre.

Para empezar aprendí qué es lo característico de cada etapa de crecimiento: no es lo mismo disciplinar a un niño de un año, que a uno de dos que a otro de 3, que a otro de 4. Y, si un padre o una madre no sabe las diferencias emocionales y psicológicas entre personas de diferentes edades, está perdido y abocado al desastre. De hecho tengo en la cabecera de mi cama libros de consulta que ojeo una y otra vez. De mi primera hija a la segunda a veces olvido las características y tengo que releer de vez en cuando.

Luego, me dispuse a elegir un método. De todos los disponibles, la forma que más nos convence, al papá y a mí, y la que mejor resultados da, es la llamada “psicología del refuerzo”.

Basada durante años en las teorías de aprendizajes con animales, la psicología del refuerzo dice que un comportamiento que es reforzado positivamente tiende a ser repetido.

Me costó mucho aprender y ejercitarlo con mis hijas, pero da sus frutos y eso me refuerza. Os cuento.

Funciona como los delfines del zoo: el cuidador les quiere hacer saltar por el aro. Para ello da comida al delfín cada vez que el delfín salta por el aro, e ignora cualquier otro comportamiento del delfín. De esta forma el delfín sabe que al saltar por el aro obtiene comida y al no hacerlo no obtiene nada.

Trasladado al mundo infantil no quiere decir que des comida a tu hijo cada vez que haga algo bien.

En vez de comida usa tu cariño, tu atención y tu amor. Y cuidado, no uses otro tipo de premios del estilo “como has hecho esto te llevo al parque” ,eso es un premio y es tan dañino como un castigo, porque liga su actuación a conseguir algo.

La mayor y mejor consecuencia lógica de un “buen” comportamiento y nuestra meta como padres, es demostrar que una buena auto regulación de las emociones lleva a que estés más tranquilo y que los demás se acerquen más a ti. Y ese es el mayor premio.

Cada vez que el niño esté haciendo algo “bueno” refuerza ese comportamiento.

Cada vez que el niño esté haciendo algo “malo” ignóralo.

Mucho tendría que escribir aquí para definir “bondad” y “maldad”, por eso lo pongo entre comillas. Que un niño de dos años se manche comiendo no es malo, es normal. Conocer sus etapas y nuestras expectativas es esencial para poder disciplinar. Si no, es mejor dejarlo en manos de alguien mejor capacitado o con más tiempo si no queremos frustrarnos y destruir la autoestima del niño, porque en cada acción, en cada aprendizaje afectas a un pedacito de tu hijo que está en formación.

Eso sí que nos diferencia de los animales. Disciplinar a un niño es mucho más complejo y apasionante que disciplinar a un chimpancé. Porque su aprendizaje emocional depende del tuyo.

Aunque no habla de disciplina pero sí de educación, incluyo el enlace a este articulazo de Patricia sobre cómo el autoconocimiento es la mejor forma de educar: Arreglar la base (desde Los Ojitos que Brillan)

Muchos padres además de no conocernos a nosotros mismos, hacemos caso sólo a nuestros hijos cuando están haciendo algo que no deben, ¿y qué hacemos con eso? reforzamos que lo sigan haciendo.

Es como dar de comer al delfín cuando no salta.

Sin embargo pocas veces nos paramos a admirar y reforzar aquello que hacen bien. Es importante conocer esas etapas de crecimiento para saber de qué forma hacerlo: no es lo mismo reforzar a un niño de un año que a otro de 4.

Yo solía ignorar a mis hijas cuando estaban tranquilas, felices, compartiendo… aprovechaba para hacer otras cosas, me decía “están genial, tengo tiempo para esto o aquello”. Sólo me acercaba cuando algo no funcionaba para “echar una mano” (probablemente enturbiando más el asunto).

Desde que hago lo contrario, ignoro lo que no está “bien” y me acerco cuando el comportamiento es tranquilo y participativo, han aumentado los momentos de paz para todos.

Desde que reconozco la similitud entre mis hijas y los delfines me resultan divertidas las ocasiones en que les soltaba la charla moralista o educativa por esto o por aquello. Ahora me imagino dando lecciones magistrales a un delfín… ¡¡el delfín pensaría que estaba loca!! ¡¡qué puedo enseñarle yo al delfín!!

De hecho ¡¡cuanto menos hable un padre o una madre mejor!! si analizas las cosas que les decimos a nuestros hijos, sobre todo desde que nacen hasta que tienen 5, 6 años, es para troncharse. Apunta en un cuaderno tus frases célebres y luego léelas.

Son para que te vayas directa a un terapeuta.

Son muy pocas las ocasiones en las que en esas edades aprendan algo de ti así.

Y cuánta energía perdemos cuando no sabemos el camino…

Gracias a los delfines tenemos el horizonte algo más definido.

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Creado y recomendado por Raquel Murillo,
autora de Babóg.org

5 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

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  2. Zary dice:

    Excelente.. hoy precisamente estaba pensando en que necesito averiguar más del tema y me topo con tu post.. mil gracias!!

  3. Elena dice:

    Hola, Raquel! Soy Elena, la mamá de Jorge y Héctor. Me dijo Juan que estabas embarazada de nuevo :-) ¡¡Enhorabuena!! Y ya he leído en tu post (que me ha emocionado) que es una niña :-) Justo hoy me han preguntado por vosotras en el cole. Ha sido Carmen, la mamá de Silvia, de la Casita de Niños de Pezuela.

    Os mando un abrazo grande, grande.

    Gracias por este post. Siempre aprendiendo…

  4. Raquel dice:

    Hola Elena!! qué alegría leerte!! si, estamos a puntito de dar a luz a Luna, la tercera reina de la casa. Un beso muy fuerte para tod@s de todas y Luis ;)

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