Timo Número Cinco: Los Productos Ecológicos y Las Terapias Alternativas

Estoy encantada por la publicación de los cuatro timos anteriores. Me gusta ver que escribo sin miedo. Me ha costado mis añitos.

La verdad es que los timos han tenido más repercusión de la que esperaba siendo éste mi blog personal. Es muy curioso los mensajes de apoyo y desagrado que he recibido a mi correo personal.

Muchas personas están felices con lo que cuento pero no se atreven a poner comentarios, mientras que otras me linchan con pseudónimos o en redes privadas.

Pero lo más curioso es que sigamos sintiendo como ataque personal lo que pueda decir o no otra persona que además no nos está escribiendo directamente. Y más curioso aún que no nos haga reflexionar sobre qué es lo que mueve eso dentro de nosotras.

Yo sigo a lo mío.

Pañales

De sobra nos es ya conocido lo malo que es vestir a nuestros hijos con sustancias nocivas. Bien. Sobre todo el contacto de sus pequeños genitales con estas sustancias no puede traer nada bueno.

Entonces aparecen, o mejor dicho reaparecen, los pañales de tela y otros combinados vegetales.

Lo que no nos dicen es que para una madre primeriza, que llega a casa con su bebé, el limpiar esas cacas amarillentas una y otra vez tras el parto no es ni siquiera aconsejable.

Tampoco nos dicen que lo realmente cómodo serían unos desechables hechos de materiales biodegradables, esto es, que se funden con la tierra sin dañarla y sin dañar los culitos de nuestros hijos. Estos pañales existen y cuando vivía en Irlanda se vendían incluso más baratos que los de marcas conocidas. Se podían adquirir además en cualquier establecimiento donde hubiera pañales de los normales.

Bien, en España también existen, pero no sólo son carísimos sino que además sólo pueden adquirirse en determinados establecimientos, físicos o virtuales. Es decir que los que monopolizan lo ecológico nos privan de beneficiar a nuestros hijos, primando primero su propio beneficio.

 

Lo mismo es aplicable al resto de productos

Quien lee y se informa un poco sobre lo que contiene lo que come, y los beneficios o no que aporta a su salud, termina protagonizando ese momento cinematográfico en el que una entra a un supermercado enorme y se ve quieta, en uno de sus interminables pasillos, rodeada de gente, y mirando etiquetas una y otra vez mientras dice para sus adentros “y ahora… ¿qué como?”. Los supermercados normales y asequibles están llenos de productos no comestibles.

Entonces se dirige a los sitios ecológicos. Salvo raras excepciones el precio es tres o cuatro veces superior a un producto no ecológico.

Y una pierde un poco el norte. Por que está acostumbrada a consumir productos de toda la vida y de repente tiene que buscarlos ecológicos. Y además empezar a usar esas algas de no sé donde que tienen tantas cosas buenas, aunque saben a rayos, y esas semillitas de ese otro lugar que son buenísimas para no sé qué…

El que no tiene tiempo tiene a la mano todo un imperio de supermercados virtuales. Por un poquito más te llevan a casa todo ecológico. Pero… ¿es ecológico importar y consumir productos de tierras lejanas? ¿dejar de comprar en la tiendita de la esquina porque no tiene el certificado?

Con este panorama se reúnen grupos de personas con el fin de poder consumir productos sanos sin dejarse la cartera en el intento y beneficiando a los productores locales en la medida de lo posible. Muchos de estos grupos están muy bien organizados y funcionan a la perfección. Pero no existen en todas partes. Requieren tiempo, energía y muchas ganas.

¿De verdad nos creemos que existe una razón ética para que la producción de 1 litro de la malísima leche de vaca sea hasta 5 veces más barata que 1 litro de agua con avena, siendo los ingredientes el agua de la decocción de la misma?

A veces me he paseado por lugares “eco” que eran directamente para denunciar. Pero como son “eco” parece que no estaría bien hacerlo…

Y así vamos comiendo lo que podemos de donde podemos, y nos inunda una sensación de tristeza cuando nos vemos abocados a comprar unos tomates “que no son de verdad”.

Mientras haya “mercado ecológico”, de dinero y se siga sosteniendo, nos seguirán privando de poder adquirir lo que sea en cualquier tiendita cercana.

 

Las terapias

Casi todas las terapias alternativas tienen un rasgo común: conciben el ser humano como cuerpo y alma, donde el primero representa lo que la segunda siente. De esta forma, la persona que se acerca a ellas, sabedor de esta conexión, saca su máximo beneficio para sanar o reestructurar aquello que le apetece trabajar.

Pero el boom del mercadillo de lo alternativo deja como consecuencia, por un lado, un usuario que busca recetas mágicas como antes buscaba recetas mágicas en los medicamentos que le recetaba el doctor. Y los terapeutas saben que así no se arregla nada.

Claro que se puede dejar de fumar, curar una alergia de años, mejorar cualquier aspecto. Pero no se trata de ir y comprar la pócima mágica. Se trata, de nuevo, de conocerse, buscar las herramientas para hacerlo, y ahondar en el “fango” propio para encontrar de dónde vienen esos síntomas.

Estupendas muchas de las terapias, pierden su brillo y su eficacia al atender y comercializar, cual centro comercial, algo tan sutil como el encuentro con el otro ser humano y su “fango”.

La otra consecuencia del boom del mercadillo alternativo es que, al igual que con las doulas, los terapeutas de verdad, las personas vocacionales que llevan años haciendo bien al prójimo, se ven ensombrecidos por un montón de gentes con títulos y mucha formación para casi todo, que se pueden encontrar en consulta en cualquier herbolario, sala o tienda. Está muy de moda también ser terapeuta.

Una se va encontrando en el camino esas macro campañas de márketing y ferias bio en contra de la medicina alopática, subvencionada por los influyentes, de tal modo que consumir medicinas alternativas u otros productos, es un deber si quieres acercarte al movimiento.

Y para montar un ejército hacen falta soldados. Así surgen muchos terapeutas. Pero uno no puede sanar a nadie si no sana y conoce a su sí mismo antes. No es una cuestión, de nuevo, de titulación.

Pero como hay negocio, me titulo y pongo el tenderete.

Lejos de ir a la raíz del problema, nada mejor que una terapia larguita, eterna, con tratamientos naturales de probada inocuidad.

Hace poco una mamá me comentaba que, diagnosticada con “depresión post parto”, huyó de las pastillas químicas y encontró refugio en una terapia natural que, a cambio de 70 euros la hora cada semana (la mujer no podía pagar más), contribuía a que estuviera mejor sin pastillas. Cuando le pregunté qué hacía en las sesiones me dijo que el terapeuta le ponía unas piedras en la espalda, pero lo que realmente le venía bien es que la terapeuta la hablaba y escuchaba. Es decir, que había encontrado a alguien con quién sincerarse y ser.

En general, el movimiento Bio

Detrás de una idea loable y genuina como la de cuidar el planeta, saber lo que comemos o respetar nuestros cuerpos y ritmos, se esconden muchos egos, mucho dinero, negocio, status. Y muy poco escrúpulo.

En determinados círculos, he observado incluso un look parecido entre ellos, “si no guardas el look, no estás en el club”. En Internet, en los foros, blogs, etc., estos pseudo defensores de lo bio son graciosísimos también. Hablan de solidaridad, equidad, justicia social, pero no se te ocurra ser obeso en su club, o comer carne, o tomarte un paracetamol si te duele la cabeza, o dárselo al niño si le duelen los dientes, o dar el biberón (mira que eres paleta y desinformada), o parir en hospital, o llevar al niño al cole (lo de los coles merece otro timo).

Y respecto a los vendedores del eco imperio, como en todo lo demás, llevar una vida de careta que no te pertenece de raíz, supone que predicas pero luego, en tu intimidad, haces otra cosa.

Así en estos años he conocido a algunos que venden casas de paja pero no viven en ellas, algunos que dan charlas taller sobre el vegetarianismo y que comen pollo frito en cuanto se quedan a solas, defensores de la vida libre fuera del mercado pero que eran sostenidos económicamente por sus padres o amigos, lugares de culto a la equidad social y al respeto natural donde se maltrata a los trabajadores con salarios de risa y condiciones laborales pésimas, etc.

 

Aprendizaje

Dentro del mercado, tal y como está de corrompido por egos y caretas, no es fácil encontrar buenos productos asequibles ni buenos profesionales con los que poder caminar si nos apetece. Como usuario, cambiamos un “mesías” por otro, más alternativo, con el que seguir. Pero seguimos obedeciendo.

Admirando ideales de paz, fraternidad, meditación y lo trascendental, sin darnos cuenta, seguimos a pies juntillas lo que dictan otras personas sobre cómo debemos vivir, qué debemos hacer y sobre todo, qué debemos consumir.

Nos dejamos impresionar por el look o el estatus y dejamos de ser nosotras mismas. Criterio, razón y sentido común en lo que hacemos.

Como dice una buena amiga, hay que estar atentos.

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11 thoughts on “Timo Número Cinco: Los Productos Ecológicos y Las Terapias Alternativas

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. una vez más pones palabras a lo que llevo sintiendo mucho tiempo. hace años me rodeé de gente que seguía a un naturópata, casi que no cagaba si él no daba el visto bueno. yo era la rara por no querer hacer todo lo que él decía. al final dejé de ir con esta gente porque era una secta, no le daban todas sus posesiones pero sí le dieron su criterio, su libertad de opinión, su instinto…
    estoy orgullosa de no haber perdido nunca la conexión con mi instinto, que me permite saber en todo momento qué necesito y si esta terapia tan novedosa que me presentan me va a servir en realidad o no.
    he hecho terapias alternativas, sí, pero las he usado para abrir una puerta y luego trabajar en lo que se ha destapado. he visto mucha gente hacer mil y una constelaciones, mil y un rebirthing, mil y una sesiones de reiki… y no mejorar. porque, al final, el crecimiento viene de dentro, nunca de fuera.
    y al final desempodera lo mismo esperar que te cure un médico, que esperar que te cure un terapeuta alternativo.y al final puedes encontrar personas muy conectadas e iluminadas sin tener que ser vegetariano, hacer ayunos y limpiezas, ni vestir de blanco.

  3. Hola Raquel,
    Espero que leas mi comentario aunque lo escriba mucho tiempo después que tu publicación.
    Cuánta razón tienes con lo de lo Ecológico. Yo estoy metida en esa tendencia pero siempre tienes la sensación de que igualmente te están timando.
    Quería hacerte una consulta. Dices que cuando vivías en Irlanda comprabas los pañales allí. ¿recuerdas cómo se llamaban y dónde los comprabas?
    Yo voy mucho a Irlanda (mi marido es de allí) y próximamente vamos a ser papás, así que tal vez vayamos trayendo ya cargamentos de pañales, ja, ja, ja
    Muchas gracias

  4. Muchas gracias Raquel !!! ahí que voy a ir a buscarlos, aunque, claro, no se cuántos podré ir trayendome, je, je.

    La verdad es que lo que pasa aquí con los productos ecológicos es un timo!!!!

  5. Hola Raquel, está muy bien el sentido crítico pero siempre que sea sin inventarnos mundos ideales e irreales. “Tampoco nos dicen que lo realmente cómodo serían unos desechables hechos de materiales biodegradables, esto es, que se funden con la tierra sin dañarla y sin dañar los culitos de nuestros hijos.” Estos pañales no existen, ya nos gustaría a todos que existieran los pañales mágicos de usar y tirar que se “funden” con la tierra, pero no existen. Mira bien el envoltorio y verás que solamente son biodegradables en un % y desde luego el SAP, el gel que llevan dentro TODOS los desechables en mayor o menor medida, no lo es. El mundo industrializado no es ecológico, por tanto, nuestra forma de vida no lo es. Aún así hay pequeñas cosas que pueden marcar cierta diferencia.

  6. Hola Tania.

    Mira los Nature Babycare diapers. Están libres de cloro y en vez de SAP tienen corn, maíz, y son 100% biodegradables:
    (-Chlorine-free absorbent materials – does not contribute to dioxin pollution
    -100 % natural based back sheet – NO plastic – reduce the greenhouse effect
    -100 % natural distribution layer – NO plastic – reduce the greenhouse effect
    -100 % compostable consumer packaging – NO plastic – reduce the greenhouse effect
    -No latex, fragrance, or TBT (tributyl tin)).
    Por más que leo no encuentro lo que dices…pero la seguridad de tu comentario me hace dudar. ¿Conocías estos pañales? Gracias

  7. Buenas,
    he descubierto tu página hoy mismo y no puedo dejar de leer. Ha sido tras buscar y buscar buena información sobre embarazo consciente (lo que tiene mi estado actual).
    Yo soy naturópata desde hace relativamente poco y estoy muuuuy de acuerdo con tu artículo incluyendo la parte de las terapias. He tenido que estudiar tres años con muchas horas de clases presenciales, exámenes, muchas prácticas y sin fines de semana libres.
    He buscado tratamiento en varios profesionales (que los hay muy Buenos y respetuosos) y en varios pseudoprofesionales: en algún momento he tenido miedo. No por mi salud puesto que el ojo critico está, si no al pensar que mucha gente sí cree y sigue al pie de la letra todo lo que se le dice.
    Nunca se me ocurriría imponer una manera de tratar. Como bien dices, la medicina natural require tiempo, paciencia y sobretodo constancia por parte del paciente. Al final un terapeuta “solo” tiene que diagnosticar y servir de canal para que el paciente aprenda a escuchar lo que su cuerpo y mente realmente necesita. Se puede decir que el terapeuta enseña a caminar y es trabajo del paciente el practicar para caminar solo de por vida.
    Qué rollo he soltado… pero es que es algo que me molesta mucho, que se time a la gente sobretodo cuando se trata del bienestar físico, mental y emocional.
    Gracias por esta página, tienes una seguidora más.
    Cristina.

  8. Pingback: Medicina alternativa – María Miret

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