Timo Número Ocho: La Relación de Pareja

Recuerdo cuando éramos novios, cuando llevábamos meses saliendo: la pasión, la emoción, esas mariposas en el estómago, la incertidumbre… nos encantaba pasear de la mano, hablar por teléfono, cuando no estábamos juntos, horas y horas.

Pasaron los años, nació nuestra primera hija. Y el Amor inundó la sala de partos y nuestras vidas. Pero el vínculo de dos, se hizo tres, y esa rotura en el vínculo de dos dolió.

Yo no quería defraudar a nadie, ni amar menos a nadie (es decir, yo quería complacer a todos menos a mí misma). Leí que debía estar disponible para mantener relaciones sexuales con mi pareja lo antes posible: los ejercicios de suelo pélvico, intentar dormir para recuperar la líbido, perder peso para lucir atractiva… pero me costó dos años y algunos meses el sentir de nuevo las ganas de estar con él. Todo lo que hice antes era un esfuerzo, no salía de mí. Recuperadas las ganas, recuperé el placer.

Y nació nuestra segunda hija. Ahora teníamos dos. El agotamiento iba ganando terreno. De nuevo las tempestades emocionales. El mismo proceso: hastío sexual en pareja hasta que pasaron unos años. Y justo cuando ya estaba saliendo del puerperio… engendramos a nuestra tercera hija.

Esta vez sentí desde muy dentro que debía haber algo más, que no estaba nada interesada ni en hacer ejercicios de suelo pélvico, ni en frustrarme por no dormir, ni en perder peso, ni en gustar a nadie, ni en tener líbido. Me di cuenta de que lo había perdido. Completamente. Me importaba un carajo mi faceta de mujer-pareja, o de mujer-mujer. Solo me importaban mis hijas, o mejor dicho, solo me importaba yo con mis hijas.

¿Acaso yo ya no quería a mi pareja? ¿Había amamantado tanto en estos seis años que había suplido mi apetito sexual por el suave devenir hormonal del pecho? ¿no era cierto que él ya casi no me mira, que no me cuida nada?

Todo mi interés estaba centrado en sobrevivir mi maternidad con esos tres divinos seres dependientes de mí de la mejor manera posible. Mi YO Raquel estaba difuminándose, evaporándose, escondiéndose.

Lejos de pensar que en dos años y unos meses iba a recuperar de nuevo mi yo-pareja, esta vez algo había cambiado: ahora sentía que mi YO madre estaba por encima de todos los demás yoes, que había parido a tres niñas yo solita y que en general, que mi útero y mi vagina eran superiores a cualquier idea romanticona, que mi pareja ya no pintaba un carajo.

Entonces pensé que a lo mejor es que ya no amaba a mi chico, que nuestro ciclo juntos había llegado a su fin.

Recopilé teorías darwinianas de por qué algunas especies sólo se unen para procrear y luego necesitan cambiar de pareja para ser felices. Encontré estudios sobre el exceso de testosterona en la prehistoria y su relación con la violencia. Los -ismos (mal entendidos) también me ayudaron, los puños en alto me arropaban.

Poco a poco, al igual que cuando una está embarazada ve por primera vez la calle llena de embarazadas, empecé a recibir noticias de parejas amigas que se estaban yendo al traste, de hombres o mujeres incapaces, de infidelidades, de mentiras, de intentos por sobrevivir, separaciones, divorcios…Todo se ponía de mi parte. No estaba sola.

 

Seguir o no seguir en pareja, esa es la cuestión

Seguidamente me agarré, cómo no, a mi crianza con apego. Cuando las hembras Alfa realizamos todo el proceso de embarazo, parto y lactancia solas (a lo sumo ellos nos dan un masaje y nos “apoyan”) muchas dejamos a los padres en la cuneta sin darnos cuenta. En realidad… ¿para qué sirve el hombre? ¿no podría haber hecho en este siglo tecnológico todo yo solita? ¿no lo hago ya yo todo solita?

Vino entonces a escena mi parte sufridora. Yo soy madre coraje. Y si puedo hacerlo sola, mejor que mejor. Cuanto menos ayuda reciba, más sufridora soy.

La cosa iba bien, suma y sigue.

Desafortunadamente para mi subconsciente ahora sé que el sacrificio maternal y el sacrificio en general, no trae nada bueno, y que el puerperio dura unos dos años tras el nacimiento del bebé, periodo durante el cual las aguas propias están muy revueltas y durante el cual la madre necesita ayuda y apoyo que normalmente no tiene, lo que hace que se encierre en si misma para sobrevivir la tempestad.

 

La búsqueda del divorcio

Pero yo seguía buscando motivos anti-pareja. Rápidamente el subconsciente se defendió y activó el sistema de emergencia anti-dudas: empecé a recordar esos momentos de desencuentro que tuve y tengo con mi pareja. La vocecita en off me dijo “ajá, lo que pasa es que no somos compatibles, nunca lo hemos sido, esto del amor a largo plazo es una patraña, yo no quiero este tío cerca porque me hace daño, estaría mucho mejor sola, como cuando era joven y libre, sólo así recuperaré mi YO. No puedo amar a otro si quiero amarme a mi misma bien”.

El Psicoanálisis me ayudó bastante en este punto, y llegué a la conclusión de que mi pareja es el prototipo de yerno perfecto para mi padre, y que por eso lo busqué y ahora no me lo puedo quitar de encima por las niñas… Sus continuas llamadas de atención, sus lumbalgias, el esconderse en el trabajo… su forma personal de evadirse de mí, de él mismo, de su propia responsabilidad.

Entre los dos teníamos montado un circo.

Mil y una excusas, teorías, -ismos, estudios, coincidencias, cronologías, corrían por mi mente buscando un divorcio. El juego se reducía a un “o él o YO”. Y YO, claro, iba ganando. Él no tenía representación alguna en el juicio.

 

Las apariencias engañan

Pero como todos los timos, no hay que dejarse llevar por las primeras apariencias o por las teorías más manidas. Hay que ahondar más allá, en una misma, para darse cuenta de que va en realidad la historia. Hay que enfrentar al subconsciente de una sin miedo. Con valentía. El toro por los cuernos, sabiendo que todo se va a remover, pero va a ser para bien.

En quince años de relación con el padre de mis hijas hemos tenido momentos para todo, hemos vivido encuentros y desencuentros, como en cualquier relación de larga duración. Crecemos, estamos aprendiendo a ser padres, a ser pareja, a ser personas.

En ausencia de complicaciones mayores (que mi pareja me asfixiara con sus demandas, o su evolución fuera muy distinta a la mía) hice un esfuerzo por encontrar argumentos a favor, que los había a patadas.

 

El descubrimiento

Y he aquí el mayor descubrimiento: el argumento a favor no estaba fuera, no estaba en él, estaba en mí. Sus excusas, sus escapadas, sus frías actitudes, no eran más que el reflejo de mi propia incapacidad.

Glups.

Esto me llevó más tiempo (como cuando una busca un parto natural o por lo menos lo buscaba hace unos años). Pero fui encontrando pistas: charlas en TED, pelis de Julia Roberts, testimonios de parejas duraderas, pistas que mi propio chico iba dejando por el camino… Resulta que era yo la que debía aprender a amar, que los quince años y las tres hijas no necesariamente habían significado que yo supiera hacerlo.

 

Qué es Amar

Amar es amar sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Se ama para sentirse una bien y no como nos enseñan, se siente una bien cuando la aman, que también.

No era una tarea fácil. Es doloroso como una lobotomía. Pero cierto, por fin.

Con todo esto tampoco quiero decir que él se va de rositas y es la pareja perfecta. A él también le queda mucho camino por recorrer, como a todos, pero al ir descubriendo juntos el entramado, es más fácil salir de él. Dos descubren más que uno, o por lo menos el otro te da muchas pistas sobre ti misma.

Dicen que los ángeles hablan por boca de los demás, por eso hay que escucharles. Cuando descifras la voz en off de tu mente, la desarmas, la traduces, entonces caminas pasos firmes, en un sentido u otro.

Con imaginación, aceptación e inventiva las cosas no sólo se podían salvar, sino que además podían formar parte de una faceta bella de la vida. Podíamos ayudarnos a crecer. Podemos Amarnos.

 

La Bofetada al Apego

Lo mejor vino cuando descubrimos que esta carencia de Amor no sólo afectaba a la pareja, sino que también afectaba directamente a nuestras hijas. Cuando una no sabe Amar, no ama a nadie bien.

¡¡¡Qué horror, menuda bofetada al apego!!! Ni porteo, ni lactancia, ni colecho, ni nada… resulta que después de ejercitar y defender todas las vertientes del continuum ¡¡¡ahora resulta que no las se Amar!!

Me tocó bastante las narices este descubrimiento, la verdad, sentí que lo que me pasaba era que no era lo suficientemente consciente o lo suficientemente crecida personalmente con lo que me lo creía yo, con la cantidad de consejos que he dado a otros, la cantidad de conferencias, ¡¡¡la cantidad de libros de auto ayuda que he leído!!!

Al final una tiene la responsabilidad de todo lo que le pasa, aunque no la culpa, pero es responsable y adulta para cambiar el rumbo, y eso es molesto. Resultó que mi YO era demasiado YO para liberar al YO.

Pero este descubrimiento era un comienzo. Una bendición. Debíamos abrir la puerta, probar.

 

Nueva perspectiva

Más abierta a la bondad, a la belleza, al comprender, al aprender a querer, estoy dejando paso a un sin fin de entendimientos, de ternuras, de esperas, de acompañamiento, de cariño, de placer, que jamás habría imaginado vivían en esta relación llena de hijas.

También he dejado paso a todo lo bueno que ya había acontecido entre nosotros como pareja, millones de momentos.

Me he permitido vivir un puerperio de dos años sin necesidad de complacer a nadie (hasta mi pareja agradeció este gesto) y poco a poco está regresando la pasión, la líbido, y va apareciendo el primer Amor entre los cinco.

A veces nos quedamos atrapadas en la maternidad como excusa, para no construir ni ver más allá de ella. Nos atrincheramos en nuestros bebés y repetimos con distintos nombres antiguas secuencias sin darnos cuenta.

 

Lo Maligno de fuera está dentro

La Maternidad impone ritmos, canciones largas, para bailar agarradas. Y debemos respetar sus eternos ritmos, siempre lentos, pero siempre enriquecedores. Aprender de esos ritmos, no sólo lucirlos. Lejos de aislarnos con nuestras criaturas y defenderlas del exterior maligno a mansalva, darnos cuenta de que nos nuestros hijos nos enseñan exactamente todo lo contrario. Que lo bueno y lo malo está dentro de nosotras, no hay que mirar mucho más allá.

Darnos cuenta de lo mucho que nos falta para ser perfectas y, lo mejor de todo, que además no tenemos que serlo.

Que en la pareja, como en la Maternidad, el Amar es Dar, y cuando das recibes, pero no al revés, porque el recibir está en el acto de dar.

Si no sabemos Amar estrujamos sin saberlo a nuestras nuevas criaturas para que nos den ese amor que creemos nos falta, porque no sabemos producir.

 

¿Como se Ama?

Primero amándose a una misma, respetando y desvelando los sueños propios, viviendo una vida apasionada con una misma, respetando ritmos y sentires. Eso se irradia y eso es lo que tu pareja y tus hijos quieren de ti. Que seas libre, que sientas lo que haces, que vibres con tus decisiones, que te cuides. Da igual si alguna de esas decisiones no concuerdan con el modelo que otros te dictan o sugieren como mejor. Sé honesta contigo misma.

Deja ya a un lado lo de enterrar la vida de una para apoyar los sueños del otro u otros, pertenecer a un grupito, a un look, o servir de apoyo… madre mía lo que nos venden. De nada sirves a nadie si no estás viva.

Cada uno que luche por sus sueños, y el que Ama estará cerca para compartirlos, desde los suyos propios. Ni qué decir tiene que la pareja elige o no estar a tu lado cuando eres honesta, pero tus hijos te puedo asegurar no sólo quieren quedarse contigo en el futuro, sino que florecen a tu lado cuando subes la cabeza con orgullo y dices: “Yo siento”.

 

La Planta que Crece y Florece

Volviendo al Amor de dos, en mi caso, nos han hecho falta quince años y tres niñas para empezar a Amarnos.

Cada día de relación ahora con mi pareja es un día nuevo, da igual llevar un mes juntos que mil. Porque cada día en una relación de pareja hay que vivirlo como nuevo, cada hora, cada minuto.

El Amor es una planta que necesita abono, agua fresca, luz. En todo momento, para poder florecer. Y YO soy la jardinera de mi flor, nadie más, ni siquiera él. Y eso necesita un aprendizaje que no se encuentra fuera, se encuentra dentro.

Con los debidos cuidados esa flor florece, cada año más, y sus frutos, sus flores, son cada vez más bellos, porque uno aprende a cuidarla, a mimarla, a verse reflejado en ella.

Sólo así se puede acompañar a otros y su flor, ya sea pareja o hijo.

 

El divorcio acompaña al matrimonio

Igual que la separación acompaña a la unión, la muerte a la vida, lo nuevo a lo viejo. Abonando, regando, cuidando tu flor del Amor (perdón por el pastelismo) puede una salvar sus relaciones (o no) y, sobre todo, vivirlas con plenitud.

Los hijos quieren vernos felices, ver cómo regamos nuestra flor, no tomando decisiones por “su bien” sino por el nuestro. Y la pareja que nos Ama hace lo mismo. Nos deja florecer mientras florece él o ella misma.

Separarse o no con consciencia requiere mucha madurez, porque si no, terminas separándote o quedándote con tu pareja por inercia, por look, por lo que se lleva, por una falsa independencia o dependencia, por lo que otros piensan, por lo que debería ser. Y, claro, luego en tu siguiente historia de amor todo se vuelve a repetir. Hasta que aprendes.

Hoy escribo sobre el permanecer, como podría escribir sobre el dejar ir. Da igual. Escribo sobre el superarse, el desenmascarar, ese momento cuando enfocas tus energías en ti misma y te descubres.

En mi caso concreto en este momento decido aprender a Amar, ofrecerle a mi pareja una imagen más honesta de mí misma. He descubierto que el haber vivido al borde del divorcio me ha ayudado a despertar (todas las crisis nos ayudan a crecer). Y que ahora es, en estos quince años, cuando estoy Amando por primera vez. Ahora a ver qué pasa.

¿Cómo lo hago? Amándome a mi misma, cuidándome a mi misma, respetándome a mi misma, escuchándome a mi misma. Y respetando que él haga lo mismo con su vida.

 

Dejo de echar la culpa a los demás de mis propias carencias.

Venimos de cunas vacías, de crianzas estrechitas de cariño, como las que pasamos a nuestros hijos por muchos libros que hayamos leído y muchos cursos que hayamos hecho, pues una busca siempre que se llenen los agujeros con el otro, sobre todo en el puerperio… y el otro no puede más que llenar los suyos propios, y nos desencontramos sin cesar, ponemos pesos a las alas de los otros que nos rodean a cambio de nuestro amor condicionado.

Cuando cogemos las riendas de esos vacíos, entonces es posible encontrar un camino intermedio, de acompañamiento, de crecimiento, de cariño.

 

El sexo no es amor, ni el amor es sexo

Por mucho que nos hayan contado, aunque se condimentan mutuamente para hacerse más sabrosos. No hace falta hacer el amor cuando dicen los libros, las teorías, la pareja o los terapeutas. Hace falta hacer el amor cuando una tiene ganas. Y punto.

Cuando la pasión necesita ser re inventada, re conocida, re evolucionada, sobre todo tras el puerperio o durante el mismo, el saber que es un proceso normal, te llena de libertad y de ganas de explorar nuevos caminos. Paso a paso aprendes de ti misma, de tu nuevo yo, de lo que ahora te gusta, de lo que no. Tu pareja tiene que re inventarse también, progresar, buscar su propio camino al placer y compartirlo, para entre los dos encontrar las nuevas claves.

 

Aprender a Dar

He descubierto, gracias a mi pareja, gracias, gracias, gracias, que el verdadero empoderamiento viene al dar Amor, no al recibirlo. Sólo así se puede amar a otros. Y este cambio mental afecta al físico en todos los sentidos.

Me empodero del Amor que dedico a mi misma. Me escucho, elijo mi propio camino (hay millones de caminos). Mejoro el mundo amándome. No soy una madre sufridora. Soy una persona aprendiendo a Amar. Estoy viva.

Tomo mis decisiones, me defiendo, me respeto, me alejo de los grupos (cada madre, cada mujer tiene distintas necesidades, sueños, sentires, no te reduzcas a un grupo por muy new age que parezca). Amándome afecto positivamente a mis hijas, a mi pareja y a mi entorno. Y soy más capaz de amar a otros.

En esas estamos.

 

 

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9 thoughts on “Timo Número Ocho: La Relación de Pareja

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Vuelvo a estar de acuerdo contigo, como en los anteriores “timos”.
    ¡Cuántas relaciones de pareja veo zozobrar por lo que cuentas! Especialmente en el puerperio, donde la mujer anda en tal caos que todo el mundo es culpable de lo que le sucede porque no está para ver SU realidad.
    ¡Cuantos hombres literalmente machacados! Porque la mujer recién parida, o ya con un tiempo pasado, esta cual leona protegiendo a su cría de tal forma que no ve nada más allá…
    Termino de compartirlo en mi página de facebook, que aunque no tiene mucha difusión, espero pueda aportar algunas luces.
    Espero, también, que se vaya aprendiendo a ver la diferencia entre amarme a mi misma a costa de los demás y amarme a mi misma por lo que soy, por quien soy…
    Gracias, Raquel.

  3. No puedo creer qué este artículo tenga solo 2 comentarios: aplausos y ovación para la sinceridad brutal y tu camino de autodescubrimiento!

    Me emocionó leerte y te deseo lo mejor!!!

  4. GRACIAS GRACIAS GRACIAS. Acabo de descubrir tu blog y me haces vibrar conmigo misma…cuestionarme..reafirmarme…etc.
    Me encantas como escribes y como expresas y compartes lo que sientes.
    Este post como los demás me encanto y me hace bucear en mi.
    Gracias y un abrazo

  5. Como me gusta tu blog, me encanta.

    Me acaba de pasar eso mismo y no por la maternidad. llevaba años en que pase de ser mujer y pareja a ser madre de mi pareja, la maternidad me llego así, siendo madre de mi pareja y luego vino el niño. Me convertí en mandona, exigente, todo se tenia que hacer como yo decía y en los tiempos en que yo decía. Y el pobre detrás de mi haciendo todo y era más feliz? pues claro que no, cada día mas desgraciada, cada día mas reproches, cada día mas mierda. y un día hablando con una amiga mía, que se estaba quejando de su cuñada por lo mismo que yo le hacía a mi pareja, de repente me vi desde fuera, y me di autentico asco. Porque mi pareja no se lo merece para nada y yo llevaba haciendo eso mas de 4 años, que horror!! Y me ví a mi misma en el futuro, mas desgraciada, haciendo mas desgraciado a mi pareja y claro que a mi hijo también. Y he dado un giro de 180 grados… llevaré una semana y media… y me encuentro tan bien, tan tranquilo… ya dejo de esperar nada de nadie y todo me viene sólo.

    Hay veces que hay que hacer examen de conciencia y aunque tengo gran culpabilidad de como me he comportado ahora tengo una vida entera para hacerle feliz. porque se lo merece.

    Me encanta tu blog, vuelvo a decírtelo.

    Saludos

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