Timo número 10: El negocio del miedo

Esto os suena seguro: la leche de vaca es malísima, las vacunas hacen más daño que beneficio, las toxinas se almacenan en nuestro cuerpo, es mejor la homeopatía que la medicina alopática, hay un complot general para exterminarnos a través de los alimentos, el colegio tradicional aniquila las mentes de nuestros hijos…Stop

Antes nos llegaba sólo lo que la ciencia probaba y además solía coincidir con los intereses políticos del momento

Y no había discusión. Ahora en cambio todos somos investigadores, autores y líderes de masas. Ya he escrito sobre esto en otros timos.

Es estupendo porque tenemos variedad de opiniones, abrimos nuestras mentes pragmáticas y aprendemos mucho en el camino.

Cada vez que descubrimos un timo tras la alegría inicial de darse cuenta, viene la preocupación, el miedo. Y muchas veces el miedo a no seguir la corriente general nos invita a cambiar de vida, de amistades, o nos invita a comprar.

Te conviertes en madre y toda esta información te interesa sobremanera. La buscas, escarbas, encuentras. Quieres crear un mundo mejor, quieres lo mejor para tu hijo, proteges a la cría incluso de las amenazas imaginarias… eres una leona. Estás especialmente abierta y sensible a las mejoras en el mundo.

Y por tanto, eres el objetivo sensible de un montón de remedios y consejos que pueden paliar tus males sin necesidad de ser reales.ii

Por ejemplo, está probado que el efecto placebo (el tomarte algo que no sirve de nada pero que tú crees que sí) es tan real como el efecto real de un compuesto, si crees suficientemente en ello. En ese sentido yo no tengo ningún problema: es más barato para el medio ambiente (los costes de producción de los placebos son mínimos), la empresa se enriquece contigo (vende nada y cobra muy caro), tú crees que estás haciendo un favor al mundo y a tus hijos (tranquilidad de mente y conciencia), y todos contentos.

Para mi el problema comienza cuando nos creemos mejor que los demás por usar esos métodos o por defender esta u otra causa.

Lejos de construir un mundo mejor a mi modo de ver lo que se construyen son aún más barreras, más grupos, más distinciones, más sectarismo, más o con nosotros o en contra de nosotros. Más odio. Y más miedo.

Y así la historia de la humanidad.

De los ejemplos que he puesto al principio de este timo, ninguno de ellos está probado como cierto, más bien todo lo contrario, por mucho que unos pocos nos quieran hacer ver, y vender.

Si bien es cierto que urgen medidas globales en muchos aspectos o nos cargamos el planeta y nuestras vidas, los individuos perdemos las energías en comer “sano”, en vivir “sanos”, en actuar “sanos”, en votar a éste o aquel, pero nos olvidamos al otro en el camino. Le dejamos en la cuneta más absoluta.

Es posible cambiar el entorno con el ejemplo. Pero para que eso suceda en la lucha debemos incluir un factor importante: la aceptación del otro.

La verdadera solidaridad, la verdadera ecología, viene de la aceptación del otro. Y no hace falta que este otro sea de un país exótico y lejano. El otro es nuestro vecino de al lado, la mujer que pasea a su bebé en carrito de volantes mientras nosotras porteamos; los que se toman una barbacoa de churrasco mientras nosotros le damos al pimiento crudo; los que van a Don Médico de toda la vida mientras nosotras nos gastamos una fortuna en bolitas de azúcar; los que les gustan los toros; el botox o los que son de derechas.

Tenemos que darnos cuenta de que somos todos ignorantes, o igual de listos, y nos une el creer que tenemos la verdad más absoluta respecto al otro.

Cuando criamos niños pequeños que escuchan barbaridades como ese es que es un niño de colegio, esos asesinan animales o esos son pijos, o desarrapados,… se vuelven groseros, separatistas y muy poco tolerantes. ¿Seguro que no sabemos hacerlo mejor?

Miremos la ecología dando un paso más hacia adelante, o hacia atrás. Entre todos podemos crear un mundo mejor.

Creo que el cambio se da en el día a día, con las gentes de la calle. Mira a tu alrededor y observa la belleza del otro. Su forma de caminar, de vestir, de reír, de hablar, de pensar o no, es diferente a la tuya, pero no por eso es menos.

Nadie es mejor que nadie, cada uno tenemos diferentes valores y diferentes maletas. No se trata de juntarnos todos en la cena de Navidad, de hecho siempre he estado en contra de eso: respetar al otro no significa comulgar con sus ideas o sentirse cómodo a su lado y querer celebrar nada con él. Tampoco se trata de tomar por buenas sus teorías, eso empobrecería el pensamiento humano. Se trata más bien de vivir y dejar vivir. De trasladar la lucha al hecho y no al otro.

De esto saben bien las gentes flexibles, las gentes que avanzan en la vida abiertos, quitándose los dogmas, sabiendo que lo que sentían como verdadero hace unos meses, ahora no sirve. Porque esta gente no toma nada como fijo, sabe que el ser humano pasa por etapas, y se preocupa por aprender de sí mismo y así mejorar su entorno con el ejemplo. Los ataques, los sermones, las comparaciones y los juicios de valor siempre fomentan el odio, y el miedo.

Con este timo concluyo esta serie que me ha dado tantas alegrías y me ha ayudado a crecer un poquito más, a descubrir, a compartir y a desvelar. Creo además que alguno de ellos ha tenido la repercusión suficiente para hacer cambiar de parecer y hacer a determinados grupos, aunque nunca lo reconocerán claro, pero eso me enorgullece.

No puedo fingir que no ataco a veces, y que soy dogmática muchas otras, justo lo que critico en este timo ahora. Muchas de estas cosas me las quiero aplicar a mí misma cuando me pongo separatista. A veces lo hago y de forma muy tajante. Me queda mucho por aprender y caminar.

Agradezco especialmente las críticas a los timos (cuánto aprende una de ellas) y me entristezco especialmente de aquellas personas que me habéis mandado mensajes en privado diciéndome “bien, Raquel, estoy tan de acuerdo contigo pero… no puedo decirlo públicamente porque me echarían del grupo”. Eso me entristece sobremanera. Sólo aceptamos al otro en la medida en que se asemeja a mí y mis convicciones.

No hay grupo que nos defina, porque somos tan variados que es muy difícil crear un grupo de más de dos. La pareja, que suelen ser sólo dos, que difícil es…

Por alguna razón necesitamos pertenecer a las manadas, asentir a sus líderes aún sintiendo que a veces están diciendo o haciendo soberanas tonterías, seguir determinados consejos o estilos de vida aunque nos resultan incómodos, pesados y antinaturales.

El Miedo nos guía a todos. Apoyémonos unos a otros en este camino.

 

Foto: Ferran Jordá

Artículos relacionados:

4 thoughts on “Timo número 10: El negocio del miedo

  1. No pillo muy bien… parece por un lado que vives de una manera muy natural e informada, por lo que leo del parto y del embarazo, pero estos títulos… no me da miedo saber que la leche de vaca no es para mí, me he informado, sé que no es para mí ni para mis hijos y así vivo, en consciencia… lo mismo para la medicación química y la homeopatía, etc. me he informado, he tomado mis decisiones, y sin miedo, prefiero la homeopatía mil veces, mi hija sólo tiene las vacunas obligatorias, y lo más tarde posible, y más bien diría que el miedo los dan los médicos diciendo “no quiero asustarla, pero si no se vacuna contra la gripe, su bebe puede padecer no sé qué no sé cuánto…”, y no te hablo de no comer carne… en fin, el miedo no lo veo donde tú lo ves, y me extraña realmente mucho viendo por otro lado como parece tu filosofía de vida… enfin, es interesante, voy a seguir leyendo esos supuestos “timos”!!!!

  2. Felicidades por tu consciencia Charlotte. Cada uno tiene la suya! este blog tiene muchos años y en esos años han pasado muchas cosas. La mejor consciencia siempre es la que viene de uno mismo. gracias!!

Deja tu comentario