Esas intrusas llamadas doulas

La semana pasada recibí una llamada de auxilio de una amiga alemana que reside en Cologne. Su propia madre falleció hace unos meses, sus hermanos no tienen hijos, su pareja es turco, por lo que la familia política tampoco está cerca. De repente el parto, su bebé, la teoría de todos los libros que se cae de repente, el no encontrar agarraderas, las noches sin dormir, los llantos que no son calmados, la incertidumbre, las dificultades para amamantar…

Además el bebé fue ingresado a los pocos días por una infección. El caos, la tristeza, la soledad. “Nadie me dijo que ser madre duele” me decía entre lágrimas.

Mis primeras palabras tras escuchar su relato, y ante mi incapacidad para desplazarme y abrazarla, fueron:

busca y contrata una doula, ¡ya!.

Porque en el fondo de todas las dificultades planea una sombra oscura y tenebrosa que puede llevarnos al abismo: el aislamiento al que estamos sometidas casi todas las mujeres en estas civilizaciones tras parir.

Nos pusimos manos a la obra a buscar la correcta, ella no había contratado a una para el parto y no sabía que podía hacerlo solo para el después. Afortunadamente a través de la red es fácil contactar.

Han pasado solo unos días pero su discurso es mucho más animado. La soledad ha ido desapareciendo, las dudas van dando paso a explicaciones y modos de hacer las cosas, poco a poco esta mamá va cogiendo las riendas del poder y la responsabilidad que otorga la maternidad.

Hay matronas que se sienten amenazadas por la figura de las doulas. Agarrándose a prácticas intrusas de algunas de ellas han metido a todas en el saco.

Ya se ha dicho que cada una tiene una función.

Una matrona no es una doula

Ni una doula es una matrona, a no ser que tengan ambas formación para serlo. Porque tan inmoral es hacer de matrona cuando una es sólo doula como hacer de doula cuando una es sólo matrona. La capacidad de escuchar, de empatizar, de respetar, de esperar y de acompañar no son rasgos innatos de ninguna profesión a no ser que se trabajen concienzudamente. Muchas mujeres muy empáticas se han dado de bruces con sus pocos recursos ante dificultades. Somos una sociedad individualista. El acompañamiento necesita entrenamiento, y unas cualidades personales y de introspección que no se encuentran en los libros ni en las formaciones.

Cuantas doulas experimentadas saben que han tenido que respirar para coger fuerzas, cuántas han perdido energías e ideales por el camino, cuántas han tenido que abandonar sus acompañamientos un tiempo para reponerse…

Acompañar no es poner zumos

Ni dar palmaditas, no es sonreír cuando pasas cerca. Acompañar es meterse en la piel de la madre, sentir sus contracciones pero con la fortaleza para guiarla en la oscuridad de su propia mente (y de la propia). Ser el bastón donde se apoye la fuerza del parto y todo lo que remueve y trae. Ser invisible y a la vez referente. Es una labor muy complicada.

Vivimos en un mundo donde los títulos tienen mucho peso, independientemente de que quienes los tengan no sean superhéroes. Nos ciegan los títulos. No vemos más allá.

Las castas sanitarias

La sanidad es un micromundo jerarquizado precisamente con ellos: según los títulos que tengas eres más o menos que los demás, literalmente. Si hay un mundo organizado en castas (ahora que el término está de moda), ese es el sanitario. Resumiendo y evitando matices, un cirujano siempre es superior a un especialista y este superior a un médico de familia y todos estos muy superiores a las enfermeras (también organizadas por grados) que a su vez son superiores con los administrativos (ídem), que a su vez son superiores a los bedeles o los de la limpieza. Y aunque trabajen todos juntos por ejemplo en los hospitales, se complementen y necesiten, que no puedan trabajar unos sin otros, no verás muy mezcladas a las castas.

Se me podría argumentar aquí que claro, un cirujano sabe más que alguien que limpia. Bueno, sabe más de lo suyo claro. Pero eso no le hace superior respecto al otro. Ese es el problema. Adquirir superioridad por nuestros conocimientos es tan absurdo como adquirir superioridad por nuestra belleza. Son atributos magníficos pero no determinantes en lo que es un ser humano comparado con otro. Estos atributos son cambiantes y muy relativos.

Tendríamos que empezar por cambiar el lenguaje, separar el “soy” de la profesión: “soy Ana y me dedico a la cirugía” en vez de “me llamo Dr. X y soy cirujana” .

La figura de la doula viene a tambalear este sistema cerrado: aparece un nuevo “soy”

La doula viene a cuestionar que a lo mejor las matronas no cubren todos los aspectos necesarios. Que a lo mejor todo el edificio sanitario es deficiente, que necesita nuevos pilares, nuevas fuerzas.

Deberíamos hacernos ver todos por qué las madres necesitan a las doulas, que es lo que lleva a que tengas que pagar a alguien para que te haga compañía y te apoye, que es lo que lleva a que la verdadera empatía tenga que ser entrenada, y, sobre todo, que es lo que lleva a las madres a sentirse abatidas y solas tras dar a luz a sus hijos.

Quizá si las fuerzas fueran encaminadas a desvelar esta situación podríamos construir un mundo mejor.

 

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3 thoughts on “Esas intrusas llamadas doulas

  1. Hola, respeto la figura de doula que defiendes. Pero no estoy de acuerdo en que un médico o matrona no pueda hacer lo mismo que una doula. Claro que si puede, cualquiera puede, es una cualidad humana y el ir a la universidad no exime de tener esas cualidades. Ademas hay especialidades médicas que profundizan mucho en el paciente integral, visto como humano. Así que no me parece adecuado que quieras venderte desprestigiando a los demas. Eres una mujer como puede ser cualquier otra, que acompaña a otra mujer. Eso es todo. Nada de especial ni difícil.

  2. Gracias por tu comentario. Puntualizo que yo no ejerzo de doula.
    Para mi, el acompañamiento no es sólo “ser mujer” como defiendes. Así nos va 🙁

  3. Hola nuevamente. Tal vez me expresé mal, en ningún momento he dicho ni defendido que el acompañamiento es ser mujer, al revés, he dicho que el acompañamiento lo puede brindar perfectamente un sanitario o sanitaria titulado, pues muchos tenemos cualidades y estudios enfocados en el tratamiento integral del paciente y sabemos tratar con humanos. Hay matronas, ginecólogos, médicos de familia, que además de saber atender un parto, brindan ese apoyo. No he dicho que tenga que ser mujer. Por otro lado, creo que tener estudios sí da superioridad, no como persona, porsupuesto, pero un ginecólogo o una matrona sí pueden atender un expulsivo podálico e intentar salvar a la madre y al niño. Son superiores en lo suyo.

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