Se nos ha muerto una luz

La vida y la muerte van de la mano, como la luz y la oscuridad. Lo olvidamos a menudo.

Hace unas semanas mi mundo se tambaleaba porque alguien conocido moría.

La muerte te toca cuando pasa de cerca, te roza. Si es de lejos no molesta, a no ser que mueran muchos de tu misma raza o nacionalidad y además se monté un reality show al respecto en los medios.

Pero si la muerte pasa muy de cerca, te hace temblar, te enfría.

La escena de la muerte depende de quien la cuente, los muertos no hablan.

A grandes rasgos esta es la historia que me llegó: madre de tres hijos pequeños, 6 años, 3 años y 1 año. Sola, en gran chalet con vistas al valle y numerosas habitaciones. Con piscina de verano en el porche.

Madre que atiende al bebé de 1 año, cambio y pecho, mientras los otros dos niños juegan. Silencio.

Niña mayor que viene a la habitación donde está su madre para decir que no encuentra a hermano mediano. Búsqueda del niño. Encuentro.

Niño que flota en la piscina, inerte, azul, frío.

Gritos, paradas, silencios, vacíos. Culpa. Dolor. Impotencia.

Tras eso revuelo, cámaras de televisión (como no, el espectáculo), padre que llega y se encuentra a su hijo muerto, conclusiones, juicios de valor…

La lectura cercana y fácil es que qué demonios hacía una piscina de verano sin tapar o vallar con niños tan pequeños alrededor. A veces pecamos de confiados, sobre todo cuando tenemos más de un hijo a cargo. Hemos leído sobre que los niños aprenden en las dificultades y dejamos que las tengan. Todos esos cubre enchufes y sujetapuertas nos sobran porque el hijo mayor no los ha necesitado y porque queremos criar a seres capaces. A ver por qué su madre no se asomó antes, pasa por mi cabeza…busco culpables al sinsentido, intento digerir el hecho irremediable.

Después de días convulsionada por esta noticia, amiguito de mis niñas de juego, cara angelical e inocente, descubro poco a poco por qué me duele tanto esta noticia.

Y encuentro una segunda lectura a la tragedia.

Esa madre de tres niños, ahora dos, es como yo. Está sola como yo y como muchas madres que conozco que no pueden ir al cuarto de baño sin dejar a sus bebés solos, como muchas madres que “no pueden enfermar”. Somos muchas además madres de más de uno, de más de dos hijos…ni siquiera en Renfe te dejan viajar con más de dos niños a cargo de un sólo adulto. Pero en casa todo vale. Incluso con un bebé sólo una madre sola es una temeridad. La madre puede caer fulminada, la madre necesita descansar, la madre necesita una red de apoyo constante!! La maternidad no puede ir acompañada de soledad. 

Esa madre somos todas las madres un poco, y todos los padres. Esta muerte es la muerte de una cría global, de un hijo de todas.

Se nos ha apagado una luz, todas deberíamos haber estado cerca para agarrar de la mano a ese niño, para ayudarle a salir del agua. Todos deberíamos haber estado allí, cobijando la seguridad de todos ellos.

Ninguna madre se merece esta soledad pintada de grandes casas y modos de vida, nadie merece este caminar a ciegas en el camino de la vida y la maternidad.

Es inhumano.

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